Diversidad: único antídoto para futuro impredecible

Con
consternación estamos siendo testigos de la alteración de nuestro
sistema de vida y de la actividad económica global, traducida en pérdida
de fuentes laborales que afecta a millones de personas en el mundo con
el drama humano que ello lleva asociado, todo ello consecuencia de la
emergencia sanitaria generada por la expansión del COVID-19. La
profundidad y extensión de la crisis es aún una materia en desarrollo,
ya que es aún prematuro aventurar sobre los cambios que generará en
nuestra sociedad.

En
un ámbito más cercano, podemos ver que ya se están sintiendo los graves
efectos de esta pandemia en la sociedad magallánica, siendo muy
probablemente el turismo y todas sus actividades accesorias las que se
verán fuertemente impactadas por un largo período, a pesar de ser esta
actividad, prácticamente la única que nuestra clase política y líderes
de opinión han validado como palanca de desarrollo para Magallanes.

En
efecto, diversos parlamentarios, autoridades regionales y líderes de
opinión en Magallanes, se han mostrado en mayor o menor grado,
contrarios al desarrollo de actividades tales como la minería, en muchos
casos contrarios a la salmonicultura, también contrarios a la actividad
forestal y pesquera. Habitualmente se les ha escuchado apoyar al
turismo y por supuesto las actividades del Estado, aunque las últimas,
en general no están fundadas en mérito propio, sino que son en general
accesorias o de apoyo a las actividades productivas o sociales.

El
desarrollo de una región como Magallanes, debe estar sustentado y dar
espacio a toda actividad sostenible que se desarrolle por sus propios
méritos y no que el desarrollo económico social de la región esté basado
solo en actividades/iniciativas que sean del agrado de algunos
políticos, autoridades regionales y líderes de opinión.

Nuestra
región debe dar espacio al desarrollo de múltiples actividades
productivas sostenibles, única forma de mitigar el riesgo de destruir
valor y afectar negativamente a las familias de nuestra región.  

¿Qué
ocurriría si una grave peste afectara al ganado ovino y/o bovino
magallánico?, ¿Qué tan probable es que una situación así pueda ocurrir?
No sabemos, pero podemos ver casos no tan lejanos que han causado
catástrofes económicas en actividades específicas relacionadas: fenómeno
de las “vacas locas”, gripe aviar, etc.

¿Cuán
probable es que se produzca una grave epidemia que afecte la
salmonicultura? Sabemos que, lamentablemente, estos sucesos ocurren y
determinan cierres de grandes zonas de explotación y graves
consecuencias económicas y sociales.

En
el ámbito de los hidrocarburos, hemos reiterativamente experimentado el
agotamiento de recursos propios y/o de terceros que han llevado a
caóticas consecuencias.

En
Magallanes, el turismo, la salmonicultura, la ganadería, la minería, la
pesca, los hidrocarburos, la actividad forestal, etc., deben ser
apoyadas y no torpedeadas, si son actividades sostenibles y
ambientalmente validadas de acuerdo a nuestra legislación vigente.

La
diversidad de actividades sostenibles, sustentadas por sus propios
méritos y no aquellas impulsadas por gustos personales, a veces sin
fundamento, serán las que nos permitirán enfrentar las cambiantes y a
veces caóticas condiciones que nos depara el futuro. La diversidad
parece ser el mejor antídoto que conocemos ante un cambiante y a veces
incierto devenir.

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