La
gesta de Iquique liderada por el capitán Arturo Prat Chacón y sus
marineros marcó a generaciones completas de chilenos comprometidos con
el país. Sin duda, la heroicidad de Prat y tripulantes de la Esmeralda
caló hondo en el pueblo chileno que con encomiable patriotismo se
abalanzó a luchar por la Patria. Aquellos valientes hombres de mar se
convirtieron en un símbolo de valores patrios, orgullo y unión de un
país en formación, que aún hace eco en la memoria nacional de todos los
chilenos de buena voluntad que con su honesto esfuerzo salen adelante
día a día.
Lamentablemente,
lo opuesto se ha expresado con fuerza en el país, debido a personas que
han mancillado los valores y símbolos patrios, desde quemar o trapear
calles con nuestra bandera, destruir el inmobiliario público y privado,
saboteando los esfuerzos del Gobierno y de todos quienes están luchando
por cuidar y salvar a los enfermos en los recintos hospitalarios del
país. De hecho, y no puedo dejar de mencionar la ambivalencia del Frente
Amplio y PC, repleta de actuaciones contradictorias de sus dirigentes
borderline, que se pasean como paladines de la moral con amorosos
peluches, canciones disonantes, palabras de buena crianza cuando
conviene y efectuando donaciones como buenos samaritanos (eso si, a
cuentas corrientes propias o relacionadas), hasta incitar al odio y
violencia por redes sociales, maquineando operaciones de activismo
político territorial que buscan persistentemente aguzar el malestar de
minorías y dividir a las personas, familias y generaciones para
polarizar a la sociedad. De los inmaculados jóvenes de las protestas
estudiantiles al día de hoy, podemos comprobar un coordinado actuar no
falto de inteligencia, entrenada retórica, calculada frialdad y
coordinación entre ellos, lavándose las manos astutamente para no
afrontar responsabilidades de “casi evidentes” conexiones con el mundo
subversivo y criminal que busca socavar la democracia.
La
gente que promueve la destrucción de la convivencia nacional no puede
estar más alejada del ejemplo de vida de Prat como hombre, esposo,
padre, marino y abogado que no tuvo una vida fácil, superando las
dificultades gracias al esfuerzo personal y que al termino de su vida
logró inspirar a una nación, liberando lo mejor de los chilenos al
servicio de la Patria.
Afortunadamente,
son millones los chilenos que si se hacen eco de la gesta de Iquique,
del ejemplo de Prat y valientes que lo acompañaron. Tenemos que
depositar nuestra energía, pensamientos y corazón en todos los que hoy
se esfuerzan por salir adelante con honestidad, agradecer al personal de
salud, transportistas, reponedores, recolectores de basura,
carabineros, militares, y tantos más; como también reconocer la
dedicación de nuestras autoridades que hacen lo posible para que el
costo en vidas, social y económico sea el menor. Aplaudamos las
iniciativas solidarias del mundo civil que hoy apoyan a todas las
personas, que producto de la crisis sanitaria y delincuencial, sufren de
la escasez por la pérdida del empleo. Nuestro país necesita que la
gente honesta y trabajadora no guarde silencio y luche por demandas
justas para construir juntos un mejor país. Nuestra región, para avanzar
en la senda del desarrollo y mejor calidad de vida de sus habitantes,
requiere trabajar unidos en la construcción de soluciones, con altura de
miras, reconocer lo bueno que nos llevó al mejor nivel de vida de
nuestra historia. No podemos afrontar los desafíos sentados en la
crítica, destruyendo lo avanzado y avalando a quienes exacerban lo peor
de nosotros. Hoy más que nunca, los chilenos debemos hacernos eco en
vida del capitán Prat y sus valientes marineros.