Editorial: El cuidado en nuestras obras

Hace dos semanas las inusuales altas temperaturas registradas en Punta Arenas hicieron que los menores ocuparan hasta la pileta del Monumento a la Goleta Ancud para refrescarse. La imagen resultó curiosa, diferente y para muchos “hasta simpática”. Pero ocurre que esa estructura no fue construida con ese objetivo. No cumple los estándares necesarios para que niños puedan nadar y jugar. Incluso corren el riesgo de que los mismos menores resulten dañados.
Pero nadie alzó la voz, nadie dijo algo al respecto. Ese es sólo un ejemplo del descuido que hay con estructuras emplazadas en distintos puntos de la capital magallánica y que no tienen una supervigilancia. El municipio culpa al Serviu y este último organismo responsabiliza a la entidad edilicia, pero nadie se atreve a “ponerle el cascabel al gato”. En la Plaza de Armas de Punta Arenas hay otro ejemplo con la pileta que está seriamente dañada y sin utilizarse por mucho tiempo. La responsabilidad es de todos, los transeúntes también han mal utilizado y provocado deterioro, pero es hora de que alguien haga algo, si no esas estructuras que tuvieron costos millonarios terminarán por ser un estorbo que estéticamente perjudicará aún más el entorno.

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