El año del Coronavirus

En la Región de Magallanes y Antártica Chilena nunca habíamos sentido tanto temor como en los últimos nueve meses. Porque muchos se olvidan que el Covid-19 se comenzó a propagar a principios de enero. Y a nivel país se señaló que el primer brote pudo haber estado relacionado con los cruceros. En nuestra región, donde siempre nos quejamos de desconexión, nos hemos dado cuenta de que vivimos en un mundo interconectado. El Coronavirus es una prueba no solo de nuestros sistemas y mecanismos de atención de salud para responder a enfermedades infecciosas, sino también de nuestra capacidad de trabajar juntos como una comunidad de naciones ante un desafío común. El camino del Covid-19 también nos ha puesto a prueba nuestros principios, valores y humanidad compartida. Al extenderse rápidamente por todo el mundo, con la incertidumbre en torno al número de infecciones y con una vacuna todavía a muchos meses de distancia, el virus está generando profundos temores y ansiedades en los individuos y las sociedades. Ningún país en la actualidad puede protegerse del impacto de la pandemia, tanto en sentido literal como económica y socialmente, tal y como lo demuestran la caída de los mercados bursátiles, el desplome de todas las economías y por sobre todo la preocupante situación educacional a nivel mundial. Una de las principales lecciones es que a largo plazo, debemos acelerar el trabajo de construcción de servicios de salud pública equitativos y accesibles. Y cómo respondamos a esta crisis ahora sin duda dará forma a esos esfuerzos en las próximas décadas. Porque estamos viviendo algo inédito, que ni nuestros bisabuelos lo habían vivido.

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