El efecto que ello produce es precisamente el suicidio, la consecuencia más grave de la depresión.
Asimismo, el profesional hizo el alcance que son las mujeres quienes más intentan suicidarse, pero a través de los llamados “medios blandos”, como medicamentos; a diferencia de los hombres, que intentan menos, pero a través de medios más “duros” o agresivos, como el ahorcamiento, balazo, etc.
De acuerdo con la experiencia, el perfil del o la suicida corresponde, en el caso de adultos, a personas viudas, separadas, sin hijos ni credo político o religioso.
En cuanto a la tasa de suicidios en la región, Pulido indicó que la Región de Magallanes se ubica en el tercer lugar a nivel país.
Con respecto de las causas de la depresión, el siquiatra indicó que existen muchas, pero que se pueden reducir a básicamente dos: la vulnerabilidad psicológica y la vulnerabilidad biológica.
En el caso de la primera instancia, se trata de una depresión más frecuente que afecta mayoritariamente a hijos de padres separados y a personas con ausencia de contactos interpersonales, que han sufrido caos familiar durante su niñez, que viven aisladas o que sufren conflictos profesionales, preocupaciones económicas o falta de objetivos en la vida o nexos religiosos.
En el caso de la segunda instancia (vulnerabilidad biológica), la depresión es hereditaria. La persona sufre constantes episodios depresivos menores, leves y graves. El sistema de neurotransmisión se altera, provocando trastornos del ánimo bipolar, donde el sujeto puede pasar por períodos depresivos durante tres a cuatro meses y luego atravesar por períodos maniacos, es decir, de exaltación del ánimo.
Pulido también destacó que si una persona tiene antecedentes familiares de suicidio, es una voz de alerta para prevenir a tiempo.
Otro dato relevante entregado por el médico es que la adhesión a los tratamientos con antidepresivos es baja. Entre el 40 al 60% desiste de éste y un tercio de quienes inician un tratamiento contra la depresión, lo abandona antes de los tres meses.
Finalmente, Pulido se refirió a las cinco “fantasías” (inconscientes) de un suicida: el deseo de dormir para escapar, el deseo de autocastigarse, el deseo de vengarse y manipular a quienes le rodean más allá de la muerte, el deseo de reunirse con el ser amado muerto y el deseo de renacimiento y rehabilitación.