El secuestro no es solo un delito contra la libertad, en que por un lapso se priva de ella de forma ilícita a una persona o grupo de personas, también existe una acepción en el plano de las emociones, cuando las situaciones o nuestras reacciones se nos van de las manos y nos sorprendemos a nosotros mismos en un auténtico estallido emocional, en que somos víctimas de una suma de reacciones, conocidas como secuestro emocional, en que actuamos de forma automática e irracional ante estímulos tan poderosos que no percibimos como tales adecuadamente, y estos al igual que un delincuente nos hacen perder nuestra libertad personal.
En este sentido, el papa Francisco lamentó este domingo, 20 de diciembre del 2020, que el consumismo “ha secuestrado la Navidad” e invitó a aprovechar estas fechas marcadas por la pandemia para ayudar a los demás, en su catequesis del Ángelus dominical ante la plaza de San Pedro. “En este tiempo difícil en vez de lamentar lo que la pandemia nos impide hacer, hagamos algo por quien tiene menos. No el enésimo regalo para nosotros o nuestros amigos, sino para un necesitado en quien nadie piensa”, instó desde la ventana del Palacio Apostólico. Por otro lado el pontífice recordó que el periodo navideño es propicio para “preparar el corazón” y no para “dejarse arrastrar” por el consumismo que normalmente caracteriza a estas fechas.”
Estas son sabias palabras no solo para todos los magallánicos que ha protagonizado verdaderos numeritos, un auténtico bochorno en las colas para compras navideñas en Zona Franca y en el Mall e inclusive pequeñas riñas en la vía pública entre vendedoras ambulantes que se disputan los clientes, sino que además estas expresiones debemos entenderlas dirigidas a los secuestradores emocionales.
Los secuestradores, en este caso, son todos aquellos que sin importar las consecuencias han estimulado la “reactivación económica” a través de las compras de Navidad, porque no sacamos nada con lamentarnos de las consecuencias después y atribuir a un hecho de la naturaleza la pandemia y sus consecuencias, a sabiendas que se iban a producir aglomeraciones difíciles de controlar, éstos son los secuestradores de nuestra racionalidad y libertad personal que deben asumir su responsabilidad política, por no proporcionar la debida protección y cuidado a la comunidad, desafiando la información, recomendaciones y medidas propuestas por la autoridad sanitaria. Así planteadas las cosas, el consumismo ha secuestrado la Navidad, porque existen secuestradores que han estado insensatamente promoviendo el consumo, incentivando las compras navideñas sin las debidas precauciones, en aras de la reactivación económica.
El sermón del papa Francisco, no exalta sólo el sentido de la Navidad, sino que es una defensa de la dignidad del hombre, le conmina a la defensa de la conciencia individual, es un llamado a la reflexión, a conservar y no perder por ningún estímulo el hábito de pensar, con independencia de la situación económica, social, educativa o intelectual del individuo.
Por cierto, que bueno que muchas personas históricamente privadas de la posibilidad de consumir hoy puedan hacerlo y acceder a bienes y servicios de los cuales estuvieron privados, pero el precio a pagar es enorme si ello significa endeudamiento de largo tiempo que sacrifica su calidad de vida o le priva de bienes esenciales. El autocontrol nos hace libres y algo más felices, así que sólo cabe cuidarse de los secuestradores, irresponsables y temerarios, los cuales con seguridad no estarán a la cabecera de sus seres queridos en el evento de un contagio, como consecuencia de una acto de consumo producto del secuestro emocional.