Autora del entretenido y original blog “La ruta del cordero”, Tamara Albarrán, cuanta cómo se convirtió en una escritora de viajes mientras recorre el mundo, siempre anhelando su Patagonia natal.
– Bloguera, turista, fotógrafa… ¿cuál prefieres?
-Travel writer…. y fotógrafa.
– ¿Cómo y por qué nace la Ruta del Cordero?
– La idea empezó por darle datos a amigos que iban a algunos lugares a los que yo ya había ido, pero en esa época solo escribía para recomendar de forma rápida. Con el tiempo creé un blog alentada por un ex pololo, el que me bautizó como “cordera” por ser de Punta Arenas y cuando no viajaba escribía sobre restaurantes, que es otra de mis pasiones… El comer!
– Usted es magallánica, ¿cómo y cuándo decide empezar a viajar?
– ¡Magallánica de nacimiento con mucho orgullo! A mi mamá la trasladaron por trabajo a Santiago cuando yo tenía 13 años y creo que me acostumbré a viajar desde muy chica cuando cada verano lo pasaba en el norte. Mi mamá me mandaba sola a cargo de la “azafata” (en esa época) y me recogía mi tía en Santiago para irnos a Ovalle a pasar todo el verano cada año. Pero cuando empecé a tomarlo en serio fue cuando me fui a un congreso a Cuba en 1997.
Fuimos un grupo de compañeros, pero yo andaba por donde se me antojara sin seguir mucho “las sugerencias turísticas” y así llegué a conocer la Habana real, la de Fidel.
Llevé cosas para intercambiar y regalé un montón de mi ropa. Fue una tremenda experiencia, creo que ahí empezó todo de verdad. Después de un tiempo a penas podía me arrancaba a algún lado y cuando pude me fui a vivir a España por un año y luego a Estados Unidos.
Cuando no viajo trabajo de fotógrafa y hace un par de años estoy en coordinación de transporte para algunas agencias que hacen festivales como Lollapalooza. Además de fotógrafa soy diseñadora de interiores y tengo un post título en Educación, así es que hago de todo un poco.
-¿Cómo y qué ve en la Patagonia?
– Magia. Amor. Raíces. Viento. Hay algo que me hace volver cada año aunque no tenga nada mas que visitar a los amigos de la infancia, que dicho sea de paso ¡ya es mucho! Pero siempre sale algún viaje a algún lado, como ahora.
Para mí la Patagonia está llena de recuerdos y aromas de infancia. Viento, madera, tierra, mar que junto a las montañas y a la nieve me llenan de energía y me recargan de felicidad. Es inigualable.
– ¿Cómo elige los destinos? ¿Tiene algún tipo de financiamiento externo?
– Uff. generalmente veo las ofertas de pasajes y en base a eso elijo. Aunque hay lugares a los que tengo en mi lista de “must to do” y aprovecho la ocasión para tratar de hacerlo. Por ejemplo, unos amigos iban a Antofagasta y San Pedro de Atacama hace unos meses atrás y me preguntaron si me sumaba, dije que si y pensé que sería una buena ocasión para ir a Uyuni aunque fuera sola y así lo hice, terminé cinco días en un jeep por el altiplano. El problema es que hay veces que, si el dinero me da, sigo en la ruta, como pasó después de Uyuni que me fui al norte de Argentina por Purmamarca, Humahuaca y Salta. Una de las garantías de viajar sola.
En cuanto al financiamiento es relativo. Muchas veces viajo por mi cuenta sin ningún tipo de subvención externa, pero otras veces lo hago bajo el ala de Far South Expeditions, una agencia de turismo específico de Punta Arenas, que se encargan de coordinar hoteles y tours para que pueda escribir artículos que ellos publican en su pagina.
– ¿Podría mencionar los tres lugares que más te gustaron y por qué?
– Uff. ¡Que difícil! Podría mencionar montones de lugares, pero quizás los que dejaron algo más que bonitas fotografías son Las Galápagos, donde bucee con tiburones martillo y de arrecife. Me fui sin tener nada armado, solo el pasaje de avión y terminé haciendo muchas cosas interesantes. El Amazonas peruano, Iquitos y el río mismo del Amazonas. Por sus afluentes llegué a un lodge en medio de la selva donde conocí a un chamán que me dio a probar ayaguasca en un rito “doméstico” donde habitantes de pueblos cercanos estaban en “consulta médica”. Túnez, por su cultura, olores, colores y sabores. La displicencia de la mujer fue impactante. La arquitectura bellísima y los rezos varias veces al día que se escuchaban por todos lados en cada ciudad que visitaba me hipnotizaba maravillosamente.
El bonus track sería el Archipiélago de Juan Fernández. Fui dos veces. La primera con mi madre en 2001, fue la primera vez que bucee, ahí hice mi inducción, la claridad del agua es una de las mejores del mundo. Y la segunda vez fue el 3 de septiembre del 2011. Ese día que todo Chile conoce. Desde ahí empecé a vivir mi pasión y a ser consecuente con lo que quiero hacer.
– ¿Cómo y qué recomendarías de la Patagonia chilena?
– ¿Cómo? Hay tanto por mostrar y hay tanta identidad patagónica que es muy fuerte en ambos lados de la cordillera. Los sonidos de las ceremonias indígenas (me imagino ahora mismo grabaciones de kawésqar hablando con el sonido del viento detrás); la idiosincrasia regional; la diversidad de especies como hongos y flora; las aves y los mamíferos; su cocina propia, esa que ha estado evolucionando estos últimos años, hay tanto que aún no se muestra con el corazón y esencia.
Claro, sus montañas son el centro de todo. El Parque Torres del Paine es un “must” que todo el mundo debe conocer al menos una vez en la vida. Pero hay otros parques igualmente bellos, otras montañas igualmente bellas que hay que recorrer dentro de la región, lagos y cielos con nubes esponjadas.
Patagonia es el comienzo del mundo, no el fin como se dice, o al menos así lo creo yo. Muchos se enamoran de sus tierras, aromas y paisajes y se quedan a vivir acá. Hijos adoptivos del viento, de la nieve y el frío. ¿Como no recomendar la magia? ¿Como resistirse a enamorarse?
(Fuente : Suplemento Finde Semana de Diario El Pingüino)