Feliz Año Nuevo

Tantos calificativos se pueden decir del año que ya terminó, pero como escribió Vicente Huidobro, “el adjetivo cuando no da vida, mata”, por lo que hay que ser cuidadosos en no recargarlo de epítetos. Huelga decir que fue un año distinto a los que muchos rememoran en sus vidas; un año en que “vivimos en peligro”.

Los motivos sobran, a nivel social como personal; financiero, como emocional. Por otro lado, hay quienes señalan que lo sucedido y lo que sigue sucediendo, es un fenómeno necesario para purgar a la humanidad de egoísmos, de desamor, de sentimientos negativos, pues estaríamos entrando a una nueva era donde el ser humano elevará su conciencia.

Tengo serias dudas al respecto, pues enfrentada la humanidad en el pasado y el presente a catástrofes mayores que estas, como el asesinato de millones de personas producto de las guerras y de las ideologías, el ser humano no ha mostrado precisamente más humanidad, sino por el contrario, ha seguido e incluso profundizado el camino del odio, del egoísmo, la avaricia y otros males similares.

El año que termina, fue un año difícil, complejo, y en el que transitamos por senderos desconocidos y muchas veces, oscuros. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca, se ha de volver a pisar”, en versos de Antonio Machado. Y cuando viajamos por caminos ignotos, habiendo dejado sin querer la comodidad de nuestras vidas, la angustia nos asalta, nos aprisiona y deseamos volver a esa tierra quizás imperfecta, pero segura a nuestros ojos.

Chile no ha estado ajeno a la convulsión mundial: hemos sufrido la partida de muchos compatriotas y el desempleo recorre nuestras calles con su guadaña de desesperación y miseria. Las enfermedades mentales comienzan a ser visibles luego de meses de encierro e incertidumbre, que es algo de lo cual el país debe seriamente ocuparse. En lo político, una izquierda obsesionada y con una fijación patológica respecto del gobierno, que viene desde el año 2019 por activa y por pasiva, tratando de terminarlo. A su turno, el mismo gobierno demasiadas veces ha dado motivos justificados para su impopularidad.

Por su parte, el 2021 ha llegado pletórico de esperanzas, de buenos deseos, y queriendo dejar en el olvido tantas penas acumuladas. La vacuna como una tabla de salvación en medio del océano crispado y tormentoso; el fin de tantos días de encierro y soledad. La promesa de regresar a la normalidad, como quien regresa a la casa familiar, donde le esperan los suyos y su historia, nos alienta y nos levanta el espíritu alicaído. Es esta la vida que nos ha tocado vivir, con sus circunstancias, sus maravillas y sus miserias. Enfrentados a la poderosa adversidad, el espíritu, la determinación y la valentía del ser humano es más fuerte que aquella, que es algo que San Pablo ya nos recordaba en la Segunda a Timoteo.

Comenzando este año, tengan ustedes un saludo desde lo más profundo de mi corazón. Que toda la angustia se transmute en Fe, en la total y absoluta seguridad que nuestras vidas serán mejores el 2021. Que vuestras familias rían desde el fondo de su espíritu, y que cada ser humano encuentre la paz fundada en el amor, que todo lo transforma y lo embellece. Envío a todos quienes se han detenido a leer estas líneas, un abrazo que surge de la alegría de las buenas nuevas, de la felicidad de saber que estamos en este mundo por un propósito, y que nada nos faltará porque Dios o el Universo provee si nos fundimos con él. Que la paz, el amor, la felicidad sea con cada uno de ustedes en este año que comienza.

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