Glaciar Schiaparelli, ya volveremos

Escribo
desde la nostalgia, sentimiento que como nunca se ha hecho muy presente
en este tiempo, que nace de la imposibilidad de hacer ciertas “cosas”
pero también alimentado por la incertidumbre de no saber cuándo volverá
el tiempo en que podamos hacer. En mi caso despertó al leer el artículo
publicado hace algunos días por el colega Isaac Gurdiel, quien con su
escritura me llevo al glaciar Schiaparelli, en particular a la campaña
de noviembre del año 2018. Su relato en primera persona cuenta los
periplos vividos en la que fue su primera salida a terreno al glaciar
que está a los pies del monte Sarmiento, la leo sonriendo ya que puedo
revivir los detalles que el expone en su texto, lo “apetitoso” de
nuestras comidas vencida y de sabores monótonos, la desesperación por el
agotamiento de víveres esenciales como la hierba mate o las bromas
propias de nuestro estado para mantener el ánimo a pesar del frío, lo
mojado o la incertidumbre de cuando saldríamos del lugar.

También
me llevó al esfuerzo físico desplegado para cumplir con los objetivos
científicos que nos habíamos propuesto, al orgullo de saber que los
cumplimos a pesar de que solo éramos tres (Rodrigo, Izaac y yo) cuando
para los mismos objetivos se arma equipo de 7 personas. Disfruto al
leer, como a pesar de ser pocos integrantes y con un gran número de
objetivos, nos dimos el espacio para explorar y expandir esa frontera
del conocimiento del lugar más allá de los que habíamos incursionado
antes, llevándonos al glaciar Conwey y su laguna, incluso hicimos
batimetría de ese lago proglacial.

Este
relato también me llevo a noviembre 2018, a la última campaña a terreno
al glaciar Schiaparelli y en cómo se alteró de forma abrupta los planes
que teníamos para marzo del 2020. Ese mes sería de mucho trabajo de
terreno, lo menos 4 meses de planificación para lograr coordinar dos
salidas a terreno, una a glaciar Schiaparelli, y la otra a 4 sitios en
cordillera Darwin. Con la pretenciosa idea de visitar 6 glaciares, si
esto era ambicioso, los objetivos y actividades lo eran más aún.
Pensábamos instalar instrumental, recuperar instrumentos y datos de lago
Mateo Martinic, medir espesores de hielo, hacer batimetría, realizar
aerofotogrametría de alta resolución, hacer pozos de nieve (para
cuantificar la cantidad de nieve caída en la temporada en la zona alta
de un glaciar) y como si fuera poco hacer prospecciones paleontológicas
(a cargo de la investigadora Judith Pardo).

Todo
en el papel funcionaba, saldríamos navegando (con el apoyo de laIII
Zona Naval de la Armada de Chile) a glaciar Schiaparelli el 9 de marzo
7investigadores (Ricardo, Jorge, Christoph, Lukas, Franziska, Yerelin y
yo) y regresábamos el 19 de marzo, el 23 de marzo Jorge y yo nos
embarcábamos para reunirnos con otro grupo de investigadores (Camilo
Rada, Natalia Martínez, Judith Pardo, Eñaut Izagirre) y ahí estaríamos
en terreno hasta el 8 de abril.

¿Y
qué pasó? Nos embarcamos a gl. Schiaparelli y hacíamos el trabajo
programado, empezamos a ser testigos mediante mensajes que recibíamos
del avance de Covid-19. Al principio, todo era un poco irreal, poco a
poco tomamos el peso de lo que estaba ocurriendo. Camilo envió un
elocuente mensaje “se fue todo al carajo, mejor quédense por allá”. A
pesar de a clara misiva, recién en Punta Arenas, entendí a lo que se
refería. Rápidamente nuestro disfrute del terreno se convirtió en
preocupación, más aún por nuestros colegas que debían volver a sus
hogares en Alemania, Brasil, Santiago, los cuales vivieron odiosas
experiencias que perfectamente dan para un artículo. A pesar de los
planes truncados, la nostalgia y los recuerdos mantienen viva la
esperanza, ya volveremos y esperamos que como mejores personas.

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