Gobernadores regionales y pandemia

Luego
de una histórica elección que coronó los esfuerzos de muchos y muchas
que durante años lo veníamos pidiendo, el próximo miércoles 14 de julio
asumirán sus cargos las y los flamantes gobernadores regionales,
abriendo así una nueva etapa en nuestra Democracia, que debiera tender a
considerar de verdad la mirada de las regiones. Todo esto ocurrirá,
como ya sabemos, en el contexto de la pandemia que sigue sin darnos
tregua.

Mucho
se ha dicho sobre la falta de atribuciones que tienen las nuevas
autoridades. Efectivamente las y los gobernadores regionales no asumirán
con todas las potestades que personalmente hubiera querido, pero sin
duda se abre un camino donde no tengo duda que, en un trabajo conjunto
con las nuevas autoridades, lo iremos subsanando. Sin embargo, creo que
más allá de estas consideraciones, los nuevos cargos sí pueden y tienen
que hacer un tremendo aporte en relación con la pandemia.

Los
gobiernos regionales, de acuerdo a lo dispuesto en el DFL Nº 1 del 2005
del Ministerio del Interior, que fija el texto refundido, coordinado,
sistematizado y actualizado de la Ley Nº 19.175, orgánica constitucional
sobre gobierno y administración regional, entre otras funciones, les
corresponde orientar el desarrollo de la región en coordinación con los
servicios públicos y municipalidades, localizados en ella.

¿Qué
significa lo anterior? que los gobernadores regionales pueden,
efectivamente, asumir un liderazgo en cuanto a la coordinación con los
distintos municipios que integran sus territorios, estableciendo de esta
manera acciones acordadas que recojan la mirada regional con respecto a
la pandemia y, de esta forma, defender ante el gobierno decisiones que
apunten a la mejor repuesta ante el virus, flexibilizando de acuerdo a
la realidad local el uso de la “caja de herramientas” que hoy están a
disposición.

No
es lo mismo enfrentar la pandemia y sus efectos en Alto Hospicio en la
región de Tarapacá, que en Puente Alto en la Metropolitana, o en Cerro
Sombrero en Magallanes y por eso creo que el debut de las nueva
s
autoridades debiera comenzar por atender la problemática del virus, en
poner sus capacidades en función de establecer, en conjunto con alcaldes
y alcaldesas, las mejores estrategias con enfoque territorial. No se
trata que cada región tenga su propia administración sanitaria, pero sí
es aprender las duras lecciones de haber desaprovechado las capacidades
locales en el manejo de la pandemia y una efectiva comunicación de
riesgo.

En
consideración a estos antecedentes es que el pasado 18 de junio envié
una comunicación a los ministros de Salud e Interior, para que ambas
carteras informen de los planes actuales del Gobierno para el manejo de
la pandemia y de qué manera se considerará a las y los gobiernos
regionales en esa estrategia.

Las
nuevas autoridades fueron elegidas recientemente en procesos
democráticos y por lo tanto cuentan con validación ciudadana, lo que les
da mayor legitimidad para encabezar labores de liderazgo y
coordinación. Se trata de personas que conocen bien las realidades de
sus territorios, no están detrás de un escritorio en Santiago viendo
números sin rostro y, como vienen saliendo de una campaña, manejan las
preocupaciones que hoy día tienen las personas que habitan en sus zonas.

Aumentar
las facultades y presupuestos que manejan las y los gobernadores
regionales es una tarea que debemos asumir cuanto antes, pero,
mientras tanto, nada impide que las nuevas autoridades desplieguen
sus actuales atribuciones en contribuir a manejar la emergencia
sanitaria y aportar al principal desafío país que tenemos hoy día,
salvar vidas.

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