Natales al igual que otras ciudades del país ha vivido jornadas convulsionadas, las cuales no han estado alejadas de procesos complejos como sociedad que están detonando en forma paulatina destruyendo cimientos que pensábamos permanentes y que, de una u otra forma, han cambiado perspectivas y proyectos a futuro.
Si hace unos meses hablábamos del PLADECO, integración comunitaria, vecinos activos y ferias de emprendimiento, hoy parece que todo eso no existió convocando a acciones peligrosas que fomentan un caudillismo elemental destruyendo las bases de nuestra democracia representativa.
Pero seamos sinceros, esto es producto de décadas y acciones tanto políticas como también de gestión que fueron minando la capacidad de la autoridad en vislumbrar problemas y de generar soluciones. Muchos hablaban del “tincómetro” en forma irónica, con cierta soberbia decían tener la solución de un pueblo pequeño pero con gran capacidad de crecer.
Eso simplemente se acabó, los líderes no aparecieron y generaron brechas preocupantes en un momento de crisis en donde la ambición transitoria o sueños aspiracionales dejo acéfala una provincia. Para muchos pareció ser que transversalmente los problemas llevaban décadas, que eran culpa de un sistema que los había perjudicado y que la clase política no estuvo a la altura, la misma que pareció amanecer iluminada de un momento a otro.
Se destruyó la autoridad de profesores y establecimientos educacionales, favoreciendo convenientes salidas que dejaran tranquilos a los alumnos, favoreciendo críticas infundadas de apoderados en contra de directivos y docentes que realizaban su trabajo.
De igual manera, fallamos en la entrega de valores y principios claros de nuestra historia, aquellos que son los pilares esenciales de nuestra sociedad, como son el esfuerzo individual, la búsqueda de la felicidad y la generación de desafíos para vencerlos, caímos en el asistencialismo extremo y que nada bueno ha generado, malentendiéndose la focalización de recursos.
¿Debemos avanzar hacia un nuevo compromiso social? Muy por el contrario, debemos recobrar los valores y principios que hicieron de Última Esperanza una tierra de esfuerzo, en donde las personas valgan y exijan a sus autoridades fiscalización, pero también construir soluciones en conjunto, aquellas que al parecer solo fueron limitadas para unos pocos o simplemente no lograron el impacto deseado para generar bases de progreso y futuro.