La libertad de expresión está consagrada en los principales tratados internacionales de Derechos Humanos. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) reconoce el derecho de toda persona a la libertad de expresión, lo que incluye la libertad de buscar, recibir y difundir información de cualquier índole y por cualquier medio. Sin embargo, el mismo Pacto señala que este derecho puede estar limitado a ciertas restricciones, y un límite evidente es los derechos de terceros. La incitación a la violencia es una forma de discurso del odio. Todos los pactos de Derechos Humanos incluyen una restricción a la libertad de expresión para prevenir la incitación al odio y violencia, como así mismo a aquellas que promuevan cualquier tipo de discriminación.
Las movilizaciones sociales se han caracterizado por la masiva participación pacífica en las calles, sin embargo la violencia termina expresándose al final del día ya sea por la fuerte represión policial o por los saqueos y vandalismo. Sea cual sea el bando mucha gente ha tenido sensaciones de inseguridad y miedo. El miedo de los niños que vieron militares en la calle y creía que había guerra. El miedo del comerciante que piensa que su negocio podría ser saqueado. El miedo de recibir un balín disparado a corta distancia cuando te manifiestas pacíficamente. Para volver a un clima de seguridad debemos condenar de forma categórica todo tipo de violencia, venga de donde venga, incluida aquella que atenta con la dignidad de las personas condenándolas a la extrema pobreza, sin las mínimas condiciones de calidad de vida.
En este contexto, muchos buscan caminos para el entendimiento y de soluciones estructurales, pero otros optan por el camino de promover más violencia. De esta forma hemos visto en redes sociales diversos llamados a tomar la justicia por su propia mano. De esta forma publicaciones de redes han llamado a reducir o detener personas, a capacitarse en técnicas de agresión, a armarse de distinta forma, a disparar a nuestros vecinos, e incluso a que las instituciones de seguridad pública los deje actuar en impunidad bajo amenaza de enfrentamiento. Un llamado a desconocer el Estado, sus instituciones y sus leyes, un llamado a desconocer nuestras reglas de convivencia democrática. Un llamado de incitación a la violencia, de ajusticiamiento a mano armada. Y estos llamados cuentan con el silencio cómplice de nuestras autoridades y la indiferencia de los medios. Esos llamados no son libertad de expresión es una apología a la violencia.
Hoy es tiempo de llamados al diálogo. Un diálogo que permita dar respuestas a las demandas ciudadanas. Combatir la violencia es permitir los acuerdos que entreguen justicia social ahora. Combatir la violencia es llevar a la justicia al que saquea pero también al que llama a armarse y tomar la justicia por sus propias manos (aunque pudiera exautoridad o familiar de un personaje de Gobierno).