Es
una muy mala señal para conmemorar los 50 años del Golpe de Estado
anular a quien piensa distinto. Eso le pasó al encargado de este acto,
el periodista Patricio Fernández, quien, por presión política del PC,
tuvo que renunciar a su cargo por cargar injustamente a sus espaldas una
acusación o dicho que nunca cometió.
“Los
historiadores y los politólogos podrán discutir por qué y cómo se llegó
a eso” -previo al golpe- fue lo que dijo Fernández. En sus dichos, no
hay oportunidad, ni posibilidad de relativizar los horrores y las graves
violaciones a los Derechos Humanos en dictadura. Fernández no
relativizó el golpe, ni menos la aniquilación que ocurrió después.
Es
lamentable que la conmemoración de los 50 años del golpe solo esté
aceptando la verdad oficial que imponen miembros del PC. Esto dificulta
la posibilidad -cada vez más lejana- de construir un consenso que
contribuya a fortalecer la democracia y la memoria del nunca más en
nuestra sociedad, sobre todo para quienes somos de una generación que
tuvimos el privilegio de nacer en democracia, post dictadura.
Lo
que dice Fernández es totalmente aceptable en el debate democrático. El
propio Presidente Boric nos llamó a todos a ser capaces de “analizar el
período de la UP con mucho mayor detalle y no solamente desde una
perspectiva mítica”. Y no digamos que el presidente es un negacionista o
no tiene un compromiso con los derechos humanos, sino al contrario. El
exdirector del museo de la memoria, Ricardo Browsky, que tampoco es un
negacionista, señalaba hace unos pocos días a propósito de las palabras
del mandatario “que es bueno el llamado a salirse del mito de que la UP
fue una revolución maravillosa que fracasó por culpa del imperialismo”.
Esto en ningún momento pasa a justificar el quiebre de la democracia o
golpe de estado, si no encauzar un diálogo y debate limpio de por qué
ocurrió esto, qué pasó previo a, para interpretar la historia, porque en
ese foco y sentido mostrar visiones distintas no es negacionismo.
Estudiar el período previo, encontrar su historia y causa, no significa
que se va a tolerar lo que significó el golpe: las violaciones a los
derechos humanos, porque el consenso básico es que se deben condenar
transversalmente y que son inaceptables.
Preocupa
el camino que toma la conmemoración de una fecha que nos invita a la
reflexión. Qué lástima que se crea que sólo se puede expresar el rechazo
y la condena a una dictadura de una sola forma, así como la impone el
PC. Una lástima que el gobierno entregue su cabeza a la intolerancia
dominante, esa misma que constituye una derrota del diálogo, del debate
democrático y una horadación a la libertad de expresión y libertad de
conciencia. Chile necesita no olvidar y necesita aprender de todo su
pasado para un mejor futuro.