Cada mañana, Cristopher Carrillo (19) se levanta temprano, se pone su
polera azul y toma el bus hacia el centro de rehabilitación del Club de Leones
Cruz del Sur de Punta Arenas. El taller laboral de la fundación es el lugar
donde acude desde hace tres años, luego de haber cumplido los 16 años, la edad
mínima para participar allí.
Fue largo el camino que lo ha llevado hasta estapa, pues su lucha con
la rehabilitación comenzó cuando tenía sólo seis meses de vida. Cristopher
nació a las 30 semanas de gestación, lo que se denomina un prematuro extremo.
Como sus pulmones no estaban lo suficientemente maduros al momento de nacer, se
vio restringido el oxígeno que nutre su
cerebro, lo que le provocó una parálisis cerebral, que trae fuertes consecuencias
en el desarrollo físico y cognitivo.
Los pronósticos respecto de su futuro eran bastante negativos, pero a
medida que han pasado los años, Cristopher ha tenido avances que aún siguen
sorprendiendo a su familia. “En
principio nos costó bastante. Ahora estamos acostumbrados, lo vemos más recuperado, entonces ya la cosa ha sido más fácil.
Verlo cómo él nació, en la incubadora lleno de cables, daba cosa. Pero ahora
estamos adaptados a él y contentos de ver que ha ido recuperándose poco a poco.
Creo que va a seguir haciéndolo”, comentó
su abuelo Moisés Almonacid.
A los tres años de vida, Cristopher logró caminar y derribar la
primera barrera que les dijeron sería difícil de superar. De ahí en más, su
proceso de rehabilitación no ha tenido pausa.
“Hoy no se nota mucho el problema motor. Eso gracias a los
profesionales que trabajan con él día a día. El problema es el tono muscular,
es lo que se ve afectado más en ellos. Hace un año le inyectaron botox en las
piernas. Generalmente en ellos el músculo está siempre tenso y lo que permite
eso es que el músculo se pueda elongar, y ahí se puede trabajar que camine
mejor”, explicó Rodrigo Almonacid, tío de Cristopher.
El mundo allá afuera
Para que el joven símbolo se vea como se pudo apreciar en el
lanzamiento de la versión 2015 de las Jornadas por la Rehabilitación en
Magallanes, además debió pasar por una serie de operaciones, entre 8 y 10 según
los cálculos de su familia, principalmente en sus piernas.
El núcleo cercano completo se ha involucrado al 100% en su
rehabilitación. Su madre, Tamara Fernández, fue quien llevó por años a su hijo
al centro del Club de Leones. Sin embargo, actualmente trabaja en Puerto
Natales, por lo que Cristopher vive con sus abuelos, Moisés y María Isabel
Hernández, quienes se hacen cargo de sus cuidados diarios. Además de ellos, un
pilar fundamental es su tío Rodrigo, tan sólo siete años mayor que él.
Ellos cuentan que en vista de los avances de Cristopher, el gran
desafío que tienen por delante es la inserción laboral, una vez que cumpla los
26 años, edad límite para permanecer en el taller laboral del centro de
rehabilitación.
(Entrevista completa de Yael Mandler en suplemento Análisis de Diario El Pingüino)