Poco antes de morir dirige un mensaje a los amigos del Hogar de Cristo (1952) en que expresa lo que podría considerarse su testamento espiritual. “Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo. `Lo que hiciéreis al más pequeñito, a mí me lo hacéis`”. De este modo, el horizonte al que aspira llegar el Hogar de Cristo se expresa en la visión de “UN PAÍS CON JUSTICIA, RESPETO Y SOLIDARIDAD”.