Johnson utilizó 80 lámparas incandescentes rojas, blancas y azules, que él mismo había diseñado y las instaló en su casa de la neoyorquina Quinta Avenida. La idea no se popularizó hasta los años veinte del siglo siguiente, ya que los materiales eran realmente caros para la clase media. Hasta ese momento la mayoría seguía utilizando las tradicionales velas, que provocaban continuos incendios en esa época del año.