El año 1996 tuve la
posibilidad de ir y vivir, algunos meses, en Japón. Mi tío (QEPD), el
magallánico Darío Guzmán Leal, en ese entonces era Ministro Consejero de
la embajada de Chile en Japón, me llevó para conocer y foguearme en
otro contexto, tanto social como cultural, y adquirir competencias que
me ayudarían en la vida. En ese entonces, con apenas 12 años recién
cumplidos, mi tío optó por enviarme al mismo colegio en el que estaban
mis primos. Por cierto, nadie
hablaba ni pisca de español teniendo que relacionarme en un inglés
básico y comenzar a aprender algo del idioma japonés. Y nunca olvidaré
mi primer día de escuela: llegué saludando de “beso y abrazo” a las
personas quienes me miraban de forma extraña. ¿La razón? En Japón, y en
general en la cultura oriental, la forma de saludo común es la
reverencia. El beso, el abrazo, forman parte del espacio personal de
cada individuo y sólo están permitidos en determinados contextos, no
para el día a día habitual que tenemos en occidente casi arraigado como
un hábito.
Esto
lo encontramos muy bien explicado en el libro “El Choque de las
Civilizaciones”, de Samuel P. Huntington, en el cual el autor plantea
una teoría en torno a las relaciones internacionales, sus protocolos,
sus formas, sus códigos e incluso las formas de negociar acuerdos entre
las naciones. Y entre muchos aspectos que aborda el texto hay uno que,
producto de la pandemia coronavirus, quiero abordar y que tiene relación
directa con las formas de saludo, en el cómo nos relacionaremos en este
nuevo contexto social de relaciones interpersonales: me refiero a la
reverencia.
La
reverencia es una actitud de profundo respeto y amor. Una conducta
reverente hacia Dios incluye honrarlo y expresarle gratitud. La
reverencia puede ser también una forma de
saludo que consiste en realizar una ligera inclinación del cuerpo ante
otra u otras personas. Se hacen reverencias a altos dignatarios o, por
ejemplo, jerarcas de la Iglesia. En Occidente, hacer reverencia es
particularmente habitual en los países con tradición monárquica en el
saludo que se dirige a miembros de la realeza, aunque hoy en día se
reserva sólo para ocasiones muy solemnes. Por su parte, en países
asiáticos, como Japón o Corea, la reverencia continúa siendo bastante
común como forma de saludo.
Dentro
de las múltiples lecciones que nos irá dejando el covid-19, tanto a
nivel económico, tecnológico y laboral hay un aspecto cultural que
también debe llevarnos a la reflexión y que tiene relación,
precisamente, en las formas en las cuales nos relacionaremos una vez
levantadas las medidas de cuarentena y volvamos a reiniciar nuestras
actividades en forma presencial. Sin dudas, querámoslo o no, esta
pandemia pareciera que llegó para quedarse y deberemos aprender a
convivir con ella. Cierto, la tasa de letalidad del covid-19,
comparativamente, no es de las más altas respecto, por ejemplo, la
Influenza. Sin embargo, y lo que explica las medidas de cuarentena, su
capacidad de propagación y contagio es algo que no se veía desde la
“peste negra”, la cual alcanzó su punto máximo entre 1347 y 1353.En este
contexto de pandemia bien vale replantearnos hábitos y costumbre. El
cómo nos relacionamos con otros y, paralelamente, el cómo vamos a
afrontar los tiempos que vienen. Porque, y aquí cito a Einstein: “si
seguimos haciendo lo mismo, no esperemos resultados distintos”.