Cuando aún se podía caminar libremente por la calle, nuestra aspiración era tan básica, como poder lograr que se eleve la participación de las mujeres en diferentes espacios, solo por nombrar algunos; en el ámbito laboral, en los espacios de poder, en la ciencia, en la política y tantos más. Sin embargo, con nostalgia y desesperanza casi aprendida, “pero no aceptada”, miramos con desconsuelo el nivel de retroceso que estamos viviendo como mujeres chilenas. ¿Cuántas mujeres han perdido el empleo?, más de las quisiéramos. ¿Por qué será que muchas sentimos, que no se valora los miles de millones que aportamos al PIB de nuestro país? No parece valioso cierto, sin embargo, nos hablan de grandes cambios sociales. Acaso, no se entiende que los cambios se producen con justicia, paridad y equidad, para ello debe existir un cambio cultural.
Hemos desafiado de tantas maneras, a la institucionalidad, los poderes del Estado y a los machistas generacionales que aún reinan, para invitarlos a cambiar la mirada, para poder eliminar la desigualdad de género, pero simplemente no tienen la intención de perder privilegios.
Últimamente, nada ha sido amigable para las mujeres, estas exigencias progresivas que se han ido instalando, conforme avanza la pandemia y sin ninguna posibilidad de cambio.
Ejemplo de ello, es el teletrabajo que sabemos a qué hora inicia, pero no el horario de término, (con un empleador/a, que nos refriega en la cara, agradezca que tiene trabajo) con un sinnúmero de otras tareas que ya todos y todas conocemos.
Estas brechas odiosas, que ahora se les denomina verticales y horizontales, las que en realidad no es más que decir, puedes acceder a un espacio determinado y obtener tal vez el título que requiere, pero difícilmente alcanzaras representatividad en espacio de liderazgos. Esto no cambiará mientras las mujeres no asuman carreras alejadas del rol asignado tradicionalmente, es decir, al cuidado.
Estamos tan alejadas de la paridad y en nada contribuyen las mujeres que acceden a un puesto político y en el discurso, hablan solo en masculino, como lo vimos hace pocos días, cuando por cierto nuestro país, nuestra región está compuesto por mujeres y hombres. Excluir e Invisibilizar a sus pares, también es violencia de género y por cierto, en temas de mujer SORORAS, debiéramos ser solo una, independiente del pensamiento o ideología política que profese, para convertir la vida en un viaje colectivo.