La violencia verbal en política

Estos
dos últimos años han sido, quizás, los más políticos de las últimas
décadas. Después de un desastroso inicio del segundo gobierno de Piñera,
con cientos de frases desafortunadas y que quedaron para el bronce, el
país despertó de un largo letargoo exigiendo mayores y mejores
oportunidades para todos.

Las
demandas sociales hicieron un giro en la conversación diaria de las
mesas de las casas, e incluso los matinales que antes se dedicaban a
cualquier cosa menos a tener un rol de debate y expresión política,
tuvieron que retroceder y dar largos minutos a la actualidad.

Movimientos
y agrupaciones invisibilizadas rompen el esquema y comienzan a tener
notoriedad. Independientes se abren camino y entran de lleno a la
discusión. Hasta ahí, solo ganadas para cambiar el modelo.

Pero,
¿qué pasó en el camino?, ¿dónde el que pensaba distinto a mí pasó a ser
directamente el demonio? Este 2021, año electoral por excelencia, se ha
volcado a la violencia verbal con mucha fuerza. No sé en qué minuto
esto se transformó en que, si no pienso “A”, nos transformamos
inmediatamente en neoliberales.

Desde
cuándo alguien les entregó la varita mágica para levantar estaturas
morales y dictar cátedras absolutistas y sectarias. No es la forma ni el
momento que Chile requiere. El debate no se puede llevar a la “funa”,
no es posible ni tolerable que la intolerancia gane más espacios. Ni yo
ni nadie es dueño de la verdad; en este país cabemos y nos necesitamos
todos, nadie sobra.

Estos
últimos días, revisando mi Facebook (lo utilizo solo como termómetro
social), vi cómo amigos y conocidos se sacaban los ojos por la última
elección de gobernador de la Región Metropolitana (a más de 2.000 Km de
acá), donde se acusaba de “facho” a cualquier persona que osara decir
que no votaría por Karina Oliva… Déjenme decirles algo, bien lejos está
el candidato de la DC de ser un fascista o siquiera de la derecha. Las
caricaturas deben detenerse si queremos tener un debate serio y franco.

Por
supuesto que la tentación de ganar un par de likes más ha hecho que
muchos de los actuales representantes políticos y seguidores salgan a
matar al de al lado; mientras más mal lo haga sentir, ojalá humillarlo,
mejor estará hecha la tarea. Desde la irrupción de Pamela Jiles hasta
José Antonio Kast, no hacen más que seguir con el desprestigio y
atomizar aun más el ya convulsionado debate.

Los
que nos paramos desde la vereda de la democracia y el respeto, debemos
detener ya este avance. Por supuesto también es el minuto de pedir
disculpas, si alguna vez alguien se sintió pasado a llevar por algún
comentario mío fuera de lugar.

Aprovechemos
esta oportunidad histórica, de un cambio a la Constitución, de nuevos
tiempos y modernos, que nuestro país sea el país donde todo se puede
discutir, donde todos podemos pensar distinto, pero siempre en un marco
de respeto y civismo, pues el que está al lado es mi adversario, no mi
enemigo.

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