“Lamentable que la región no avance en este tema trascendente”

En los próximos días, y tal como anunció a principios de enero, la empresa canadiense Methanex paralizará sus operaciones temporalmente, ante la falta de gas necesario para sus procesos productivos. La noticia, que ha impactado económicamente, no sólo a sus proveedores, sino también al Club de Campo Leñadura, el cual depende en gran parte de sus aportes, también ha hecho resurgir el debate de la matriz energética en la región, y de cómo las autoridades se hacen cargo del futuro energético de la zona.
Sin embargo, al menos en la esfera pública, poco o nada han contribuido, por ejemplo, la seremi de Energía, la cual a pesar del infructuoso contacto por parte de nuestro medio, brilla por su ausencia, o desde el Gobierno Regional donde sólo se indica que se está analizando la situación. ¿Pero quién le pone el “cascabel al gato”? Hasta el momento parece que nadie. Y sólo la voz del Sindicato de Trabajadores de Enap Magallanes ha abogado por la variabilidad de la matriz, la que cual podría aprovecharse a partir de otras fuentes como el viento, o las mareas.
El tema es importante y es necesario discutirlo, y no sólo desde el ámbito oficial. La decisión de cómo la región llevará a cabo su futuro suministro eléctrico, el cual hoy sólo depende del gas -que no sólo es poco rentable, sino además, los pozos conocidos tienen pocas reservas a futuro-, debe ser consensuada desde todos los ámbitos, incluidos especialmente desde el conocimiento que ya está generando hace 20 años la Universidad de Magallanes, y desde la comunidad, la principal afectada por el alto consumo necesario en esta zona extrema.
El ahora jubilado profesor Arturo Kunstmann, quien lideró varios años el trabajo de la universidad estatal, con su programa Ceres, Centro de Estudios de Recursos Energéticos, nos detalla no sólo sobre la historia de empresa canadiense, sino además del necesario giro a fuentes sustentables.
– ¿Cuáles fueron los inicios de Methanex?
“La primera planta que decidió construir Methanex, por allá por 1982- 1983, dependía en un 100% de metano provisto por ENAP y eso se ha cumplido durante los 20 a 25 años que tiene de vida útil económica un proyecto. Posteriormente, Methanex tomó la decisión de construir tres plantas adicionales de metanol sobre la base de provisión de metano desde Argentina, eligiendo quedar con una estructura de suministro de un 70% aproximado de dependencia externa y el saldo, desde ENAP. El corte de la exportación de gas argentino el 2004 precipitó la crisis actual que determina el cierre de su única planta en operación”.
– ¿Qué implica el cierre temporal de sus operaciones?
La proporción entre el consumo de gas requerido por la población de Magallanes y lo que necesita Methanex para operar tan sólo una planta es elevada, de modo que mientras no se descubran nuevas reservas explotables de gas y que sean de un monto significativo, no será posible que ENAP comprometa ventas de gas para un uso industrial masivo, como es el de estas plantas petroquímicas, cuya esencia es la economía de escala mediante una gran capacidad de producción y, obviamente, una materia prima abundante y barata. Es lo que ha venido ocurriendo en los últimos años y que ha determinado, finalmente, que Methanex no disponga de la cantidad mínima suficiente de gas para al menos un tren industrial y que el total de la producción deba destinarse a uso residencial vía Gasco, y para generación eléctrica, vía Edelmag”.
– ¿Se han buscado otras opciones para producir energía?
“Se ha pensado en cambiar la matriz energética de Magallanes a una completamente eléctrica, -y a base del carbón magallánico- de modo que la electricidad sirva no sólo para la iluminación y para los electrodomésticos y aplicaciones residenciales y comerciales como es ahora, sino también para los fines esenciales de calefacción y cocina. Sin embargo, esto último implica un importante reforzamiento de las instalaciones de suministro y de distribución de la electricidad hacia las viviendas y edificios, con el consiguiente costo adicional y la inversión en una nueva capacidad de generación de electricidad, mediante turbinas a vapor, producido éste mediante la energía de la combustión de carbón. Esta solución podría ser definitiva en al menos un horizonte de 50 o más años, y tiene la potencialidad de permitir la incorporación de grandes volúmenes de electricidad proveniente de la generación eólica, que en la zona entre la fuente del carbón y el mayor consumo de la región presenta valores de viento elevadísimos”.
– ¿Por qué no se han implementado este tipo de iniciativas?
“Soluciones como las de este tipo deben ser bien estudiadas y luego evaluadas para definir e implementar una estrategia que sea resultado de una visión amplia y clara de los sectores trascendentes del desarrollo socioeconómico de la región. Estos estudios son los que el Centro de Estudio de los Recursos Energéticos de la Universidad de Magallanes ha venido proponiendo hacer desde su creación en 1992, especialmente los orientados hacia el conocimiento del recurso viento y el desarrollo de una industria de la aerogeneración de electricidad, y los destinados a mejorar la calidad energética del diseño, la construcción y el uso de las viviendas”.
– Sin embargo, a más de 20 años desde la creación de Ceres, la problemática sigue sin abordarse.
“Así es, y resulta lamentable que la región no haya sido capaz de avanzar de manera más clara en este tema tan trascendente, esencial, para la vida de los habitantes en el clima más frío del país, y que la amenaza previsible por hace ya 10 o más años de una provisión limitada de gas natural sea fuente de graves conflictos sociales, un freno al desarrollo industrial e incertidumbres frente al futuro. Peor cuando existe una enorme disponibilidad de recursos naturales como viento, corrientes marinas, y carbón, junto a una capacidad científica y tecnológica básica de buen nivel, que hacen disponer de una plataforma para que Magallanes pueda tener un futuro energético claro y sustentable”.

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