Las meditaciones

Qué lejos estamos del espíritu que inspiró las Meditaciones de Marco Aurelio, el emperador filósofo, que plasmó una serie de reflexiones en uno de los tratados estoicos más importantes de la historia. Se trata de una especie de guía formidable para cultivar el dominio de las pasiones, que pueden generar graves perturbaciones, apelando con fuerza a la razón y a la virtud personal.
Da la impresión que muchas autoridades actuales, no comprendieran que, aparte de hablar o comunicarse con florituras en el lenguaje, se debe cultivar el camino de la sencillez, la austeridad y -sobre todo- la empatía, esta última tan citada por algunos políticos, pero tan ausente en nuestra realidad cotidiana. Un presidente de la República que insiste en tratar de cuadrar al Congreso, con políticas evaluadas por la ciudadanía como absolutamente insuficientes, llevando incluso a sus propios partidarios a utilizar los medios de comunicación para demandar mediáticamente soluciones que brinden, algo de sentido a las personas que se sienten aprisionadas a causa de la pandemia y trituradas por la crisis económica, que para muchas familias está resultando devastadora.
Los análisis indican el término del cartel legislativo, que se basaba fundamentalmente en una especie de control presidencial sobre los parlamentarios afines, lo cual en opinión de especialistas, se manejaba sobre dos engranajes impulsados por el ejecutivo: un estricto control político a las votaciones de sus parlamentarios dentro del Congreso y un sistema de distribución focalizada de programas y proyectos públicos para mantener la conexión electoral de estos parlamentarios, en sus propios territorios. De esta manera, los dirigentes sociales en una región determinada, tenían que convencer a los parlamentarios -verdaderos padrinos o madrinas- para obtener beneficios sociales. En la práctica, estas personas aprendieron a mirar a la derecha o a la izquierda cuando era necesario, a objeto de lograr algo para sus comunidades.
En el fondo, teníamos un modelo legislativo basado en administración de las ambiciones, a través de estructuras jerarquizadas y controladas, pensando solo en la política como la actividad de unos pocos enfrascados en sus decisiones, sin considerar la virtud como una cierta capacidad para enfrentar el presente y encontrar soluciones que contribuyan a un mayor bienestar general.
Hasta ahora, nuestros políticos se han mostrado poco inclinados a la filosofía y el cultivo de la virtud, a diferencia del personaje histórico que recordaba al inicio: Marco Aurelio, quien desde pequeño se interesó por la filosofía y llevó una vida vistiendo ropas sencillas, comiendo sobriamente, durmiendo sobre el suelo, entrenándose para resistir la incomodidad física y superando los hábitos que consideraba nocivos para alcanzar un carácter templado. A través de acciones concretas, se disciplinaba en sobriedad y capacidad de sacrificio para alcanzar un bien superior: la virtud.
En conclusión, resulta muy útil invitar a nuestras autoridades a leer las Meditaciones de Marco Aurelio para seguir algunos de sus consejos, especialmente uno vigente al día de hoy: “No desperdicies tiempo discutiendo sobre cómo debería ser un hombre bueno. Solo sé uno”.

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