No cabe duda que desde el denominado “estallido social” del 18 de octubre de 2019 la agenda de prioridades en Chile cambió. Recordemos que, durante aquel mes, se anunció que el panel de expertos del transporte determinó un aumento en $ 30 en la tarifa del metro de Santiago. La medida, qué duda cabe, fue un balde de agua fría para las personas quienes, agotados de lo que sindican como años y años de abusos, gatillaron una movilización que terminó por instalar en la agenda una serie de temas sociales tales como mejores pensiones, educación de calidad, salud digna, empleos con remuneraciones justas y seguridad ciudadana. A estas se anexaron diversos malestares, contra la clase política, asociados a corrupción, abuso de poder, faltas a la ética y probidad en el ejercicio de la función pública, entre otros. ¿Por qué mencioné lo anterior? Porque esta movilización social, que ya se extiende por casi cinco meses, obedece a una cuestión simple de entender, pero de solución compleja: las personas siempre deben estar en el centro. ¿Qué significa esto? Que cada acción política o gubernamental debe estar, necesariamente, pensada desde el “bottom up” y no desde el “top down”. Para ello es fundamental conocer y desplegarse por el territorio pero no sólo en época de elecciones sino que todos los días, cada día. La única y mejor manera de conocer las urgencias sociales, los sueños y anhelos de la ciudadanía es interactuando con ésta, dialogando, conversando y escuchando. La gente, aunque le cueste a la élite creerlo, también es capaz de pensar y generar propuestas de solución para mejorar su bienestar y calidad de vida. Cierto, en ocasiones esas propuestas no necesariamente contarán con los recursos necesarios (dilema propio de la economía: recursos limitados para necesidades ilimitadas) y es aquí donde los tomadores de decisión deben, conjunta y colaborativamente, generar puntos de acuerdo con la gente para definir y avanzar en acciones concretas ya sean de corto, mediano o largo plazo. Probablemente si quienes ejercen escaños y cargos en el ámbito político pusieran mayor atención a este tipo de metodologías es altamente probable que el descontento de años, arraigando tanto malestar como resentimiento, pudiera haberse controlado o al menos haber disminuido el impacto de esta olla a presión que terminó por explotar en sus caras y para el cual aún no existe solución alguna, sino que pareciera que se esmerarán en meterle más leños al fuego para exacerbar, aún más, la rabia en las personas. Por eso es que vale la pena destacar el trabajo realizado por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia el cual, encabezado por el ministro Sebastián Sichel, ha realizado esfuerzos por generar instancias de diálogo (cabildos ciudadanos), propuestas para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores (pensiones, etc) entre otros temas. De hecho llama la atención que aún cuando el Secretario de Estado ha realizado un fuerte despliegue territorial, para llevar adelante acciones levantadas y consensuadas con los territorios, desde el Ejecutivo sean incapaces de realzar este trabajo y aprovechar la oportunidad de oro que se les está brindado. Porque a pesar de lo que establecen las encuestas la gente está dispuesta a abrir sus puertas y conversar. Y esto ocurre básicamente porque la gente siente que este es su momento, uno especial donde pueden enseñarle su realidad a una élite otrora indolente y que ahora se ha visto en la necesidad de descender desde el Olimpo para conocer las bases que cimentan la fuerza de nuestro país. Porque el “power to the people” dejó de ser simplemente una canción para convertirse en carne y en sustento.