Libertad bajo asedio: ¿Qué le pasa a Chile?

Durante
estos últimos 16 meses nos hemos acostumbrado a tener una agradable
libertad entre los lunes y viernes, desde las 5 de la mañana hasta las
10 de la noche, si es que tenemos la suerte de no caer en la famosa fase
1. Hemos normalizado, sin duda, vivir con nuestra libertad limitada por
el Estado y los burócratas, quienes han decidido cuáles son los
horarios y los días en los que podemos hacer nuestra vida, se dieron el
lujo incluso de seleccionar los bienes “esenciales” que podíamos
comprar, al mejor estilo soviético o cubano. Cerraron el comercio,
sepultaron a las MiPymes, arrollaron a los independientes y nos
encerraron en nuestras casas. Nos dijeron que el teletrabajo era la
opción, que nuestros hijos podían solo tener educación online, y que no
podíamos celebrar con libertad nuestros matrimonios, hacer nuestros
cultos religiosos para realizarnos espiritualmente, e incluso sin poder
siquiera despedir a nuestros seres queridos como se lo merecen.

Sucede
que todo este control obsesivo y pseudo-plausible tiene sus
consecuencias. No fue suficiente que los alumnos de educación primaria y
secundaria no alcanzaran el 60% de los aprendizajes esperados en 2020, y
que el 74% de estudiantes de educación superior presente síntomas
depresivos por estudiar confinados. No parece importar los miles de
trabajos destruidos por la coerción estatal, ni tampoco parece importar
cerca del millón de personas que aún no recuperan sus empleos, porque en
la ecuación no solo está el COVID-19 y sus impactos, están también
nuestros trabajos, nuestra vida en sociedad, nuestra libertad, nuestras
empresas (muchas de ellas familiares), nuestras organizaciones, nuestros
proyectos, nuestras decisiones, nuestros propios riesgos, victorias y
derrotas, somos nosotros quienes decidimos el futuro de nuestras vidas y
de nuestra familia, búsqueda de la felicidad y la plenitud. Sin duda,
querido lector, una libertad bien entendida es una libertad con
responsabilidad, no me mal entienda, no se trata de abusar de la
libertad, sino de recuperarla.

Chile
es el país o lo fue, con la mayor movilidad social de los países de la
OCDE, con una reducción de la pobreza increíble en los últimos 50 años,
pero la guinda de la torta es el Resumen de resultados: Pobreza por
Ingresos y Distribución de Ingresos de la encuesta Casen de esta semana,
donde la pobreza en el país pasó de un 8,6% a un 10,8%, la primera alza
en 20 años. No solo tenemos déficit en la educación de nuestros niños y
jóvenes, problemas de salud mental, enfermos crónicos que no pueden
tratarse en los centros hospitalarios porque no son “prioritarios”, ni
los miles de desempleos y empresas quebradas, sino que el resultado más
devastador es que hoy tenemos una fá
brica
de pobres, porque fueron medidas coercitivas y restricciones las que
generaron consecuencias devastadoras en nuestra familia y amigos.

Esta
mirada no es utilitarista ni meramente economicista, es una mirada
real. Mientras la convención constituyente amenaza día a día con
aniquilar nuestra libertad. Necesitamos restituir nuestra libertad,
necesitamos realizar nuestra vida con normalidad, mientras en Europa
juegan a estadio lleno, en Chile no podemos hacer un culto con más de 20
personas. Las consecuencias están a la vista y la pobreza también, los
impactos son reales, y para ser sinceros, toda la evidencia pareciera
indicar que las cuarentenas tuvieron más costos que beneficios. No
sigamos cediendo libertad y no nos olvidamos de ella.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS