Lo que más se necesita en la Región de Magallanes y Antártica Chilena es volver a trabajar. El empleo es lo más necesario y cuando miramos hacia el centro del país nos damos cuenta de que con el progresivo levantamiento de las restricciones a la movilidad y la gradual reapertura de la economía, el desempleo y la ocupación mantienen una favorable evolución. Según el último reporte del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en el trimestre móvil julio-septiembre la tasa de desempleo anotó su segunda caída consecutiva, al ubicarse en el 12,3%. En paralelo, la tasa de ocupación continuó su tendencia al alza, tras alcanzar un 46,8%, un aumento de 1,1 puntos respecto del período anterior. Pero, a pesar de esos resultados, el deterioro aún es significativo. A modo de ejemplo, la tasa de desocupación se encuentra cinco puntos porcentuales por encima del nivel reportado hace doce meses (7,3%), mientras que la tasa de empleo se ubica 11,5 puntos por debajo de la cifra registrada hace un año (58,3). Se suman las brechas en materia de participación laboral. Mientras en el trimestre móvil julio-septiembre de 2019, el país contaba con una fuerza de trabajo que alcanzaba los 7,3 millones de personas, en el mismo período de 2020 la cifra solo era de 5,7 millones. Adicionalmente preocupante es que, de acuerdo con el INE, la caída en el número de activos se explica mayoritariamente por la salida del mercado laboral de más de 900 mil mujeres, un retroceso histórico en las brechas por género. El ambicioso programa de subsidios implementado a finales de septiembre constituye una herramienta clave en el combate contra la precariedad laboral. Según ha informado la ministra del Trabajo, hasta el 4 de noviembre 26.616 empresas —131.183 trabajadores— han postulado al programa. Las cifras del ministerio indican que del total de empleados postulantes, el 53,5% (70.183) corresponde a nuevas contrataciones —línea Contrata— y el 46,5% (61.000) a la reincorporación de suspendidos bajo la Ley de Protección al empleo —línea Regresa—.