“Los modestos han sido los más solidarios. Me di un plazo de dos meses y medio para reconstruir”

El 21 de diciembre del año pasado celebró, junto a su familia y amigos, su cumpleaños número 60 y una semana después, debido a la inflamación y explosión de un calefon, sufrió la pérdida total de su casa, en la esquina de Los Coigües con Las Heras, en la Población Fitz Roy Alto, en Punta Arenas.
Fue como un resumen de la vida de Héctor “Cuatita” Aguilar Cárdenas: en ocasiones en la cima, otras veces, en el fondo de un barranco, “pero las he visto peores”, afirmó con entereza, en medio de lo que quedó de su vivienda y de algunos enseres que apenas respetó el humo y el agua de los bomberos.
“Mis padres: Víctor Aguilar y Nora Cárdenas, vivían para servir a los demás. Mi padre fue presidente de la junta de vecinos, bombero, impulsor de varias iniciativas, como la de construir muros cortafuegos en las casas de la población. Mi madre, presidenta de centros de madres, profesora de tejido, presidenta de una comunidad cristiana”, recuerda “Cuatita” con orgullo y nostalgia.
“Yo estudié en la Escuela Uno y hasta segundo medio, en el Liceo Luis Alberto Barrera, porque tercero y cuarto los hice en el Colegio Andino”, mientras pagaba una deuda con la ley, en el recinto penal que por esos entonces, estaba en calle Waldo Seguel.
“Me acuerdo que le eché una mano a muchas personas que estuvieron detenidas por el golpe y hoy día están tranquilos, recibiendo ayuda del Estado. Yo también estuve preso, pero no tengo Prais, ni 250 mil pesos mensuales ni mis hijos tuvieron educación gratuita. Ni mis nietos tampoco la tendrán, pero sabremos como salimos adelante: con trabajo, con esfuerzo, sirviendo a los otros a cambio de nada, sólo por hacerlo, como lo aprendí de mis padres”, afirmó Aguilar.
“Para el “Puntarenazo” contra (Augusto) Pinochet también ayudé a varios que llegaron al recinto penal, pero de todos ellos, el que nunca destiñó fue Clemente Gálvez. De los otros es mejor no acordarse, pero están bien puestos”, dice Aguilar, sin odio y sin rencor.
“Yo he vivido de mi trabajo y porque, con mi oficio, he trabajado para este o este otro político, se me han cerrado muchas puertas, algunos se han aprovechado de uno más de la cuenta, como el actual alcalde, que cuando estaba en campaña, me buscaba y hasta ahora ni siquiera un llamado. Doña Gloria, tampoco, aunque se pegó un par de vueltas por aquí y mejor no sigo hablando, porque, por ejemplo, le celebramos la Navidad a 317 niños de las agrupaciones pro vivienda Los Alerces, Terra y Hebrón, con once completa y show infantil y tuvimos que pagar 50 mil pesos por el arriendo del gimnasio de la Escuela Libertador O’Higgins, y para otra acción social masiva, el municipio mandó, como aporte, 75 vasos de plumavit, desechables”, añadió mientras encendía un cigarrillo más.
“Mire, en una ocasión, mi primera Navidad preso, por ser primerizo, las tenía todas y ni un problema. Pero al lado había gente que carecía de todo, Al año siguiente, con el apoyo de mis amigos, formamos el Comité de Navidad y hubo cena, regalos, creo que hasta 150 zapatillas y cincuenta canastas familiares que pudimos entregar sin problemas porque los funcionarios de Gendarmería se portaron bien conmigo porque también me portaba bien”, y expele el humo del cigarrillo.
Y el año pasado, reunió lo necesario para entregar 37 canastas familiares y para Navidad habían entregado otras 21 más “con la ayuda y apoyo de mis amigos”, dijo sin falso orgullo.
Los amigos
“Tengo muy buenos amigos. Alejandro Secul; la familia Huenchucoy; Cristián, Juan Manuel, Carolina Jiménez y su marido; Gabriela Iturra y su esposo; David Romo, José Aguilante, “Toto” Ríspoli, entre muchos”, agradeció Aguilar.
Y cuenta que ha recibido llamados solidarios de amigos de su juventud deportiva, como arquero, en fútbol y basquetbolista integrante de las respectivas selecciones del Barrio Sur, Punta Arenas y “hasta como refuerzo de Puerto Natales, por allá por los setenta” y menciona a “Jano” Olate, al “Pirigua” Oyarzo; al “Gallito” Muñoz, al “Maradona” Velich, a Recabarren, a Sáez y a tantos otros que jugaron junto a él y a los jóvenes que entrenó, y, desde el otro lado del mundo, llamados y apoyos desde Suecia, Australia y Nueva Zelandia.
Y un brillo especial tuvo su mirada cuando saludó a los voluntarios de la Sexta Compañía que fueron a solidarizar con él, y le hicieron recordar a su padre, ya fallecido, uno de los fundadores de la Bomba “España” y a su madre, dama cooperadora importante en esa misma compañía bomberil.
“Mi casa, y la recuerdo desde chico, era un lugar donde surgieron y se promovieron muchas iniciativas, como las que mencionara: la junta de vecinos, los centros de madres, la comunidad cristiana, la compañía de Bomberos. Y era un punto de encuentro, porque al almuerzo del domingo llegaba el presbítero Nibaldo Escalante y dos élderes, amigos de mis hermano, más conocido como “El Ché”, porque por esos años él era mormón (y se ríe), pero mi padre les decía que cada cual rezara sus propias oraciones y que en la mesa no se hablara ni de religión ni de política y todo en paz”, recordó, melancólico, “el Cuatita”.
La ayuda
“Hemos recibido mucha ayuda: víveres, ropa de cama; vestuario, dinero para materiales de construcción y, lo más importante, el afecto y el apoyo de muchas personas, muchas de las que no conocíamos. Del municipio, ni un llamado, pese a que mi señora, uno de mis dos hijos y mi hermano, son funcionarios municipales. Sabe, yo no quiero la ayuda municipal. Con un grupo de amigos vamos a trabajar 12, 14 horas al día, sin dejar de cumplir nuestros compromisos y en dos meses y medio, mi casa, la casa de mis padres, va a estar reconstruida. Todo aquello que no necesitemos, por ejemplo, los víveres, los vamos a llevar al Hogar de Cristo, a cuyos viejitos les vamos a ofrecer una “tallarinata”, con harta carne en el tuco, como una forma de agradecer a Dios y a tanta gente, que nos han ayudado. Después, pretendo dar forma a una fundación que reúna materiales de construcción, enseres, alimentos, ropa de cama para acudir en ayuda directa e inmediata de aquellas familias que tengan que vivir lo que nosotros vivimos, sin burocracia, con teléfonos que sean contestados en una emergencia”, dijo ya casi eufórico el dirigente social de la Fitz Roy.
Mensajes y llamados se suceden. Lo saludan dos vecinas – Patricia Bunney y Ericka Munzanmayer, de la banquetería “Logic Mag”– y con humildad se acerca Daniel Alvarado, hijo de una familia de pescadores, que le ofrece lo que necesite, incluso, una tina de baño “porque mi papá se compró una más nueva y la que cambió, está en buen estado”.
Y Héctor “Cuatita” Aguilar Cárdenas lo felicita por ser tan solidario. Agradece la ropa de cama a sus vecinas y se emociona aún más cuando vuelve a leer uno de los muchos mensajes que han llegado a su celular y que dice que “triunfadores no son los que siempre ganan, sino los que nunca se dan por vencidos: un estilo de vida”, firmado por la familia Huenchucoy – Tapia.-
Algunos han señalado, después de conocer la historia del “Cuatita”, apodo cariñoso desde su infancia, cuando en su media lengua se colgaba al cuello una de las corbatas de su padre y la llamaba así, “cuatita”, que ojalá hubiera muchos otros como él en los barrios y poblaciones no sólo de Punta Arenas y como se sabe que sí los hay, sería bueno reunirlos y premiarlos como se merecen.
Sería hermoso, aunque sea lo mínimo para servidores públicos que, muchas veces, son incomprendidos, aprovechados por los políticos y los oportunistas, pero que son personas a los que no les importa cuántas veces se caiga, sino cuántas veces son y han sido capaces de ponerse de pie para seguir cumpliendo una tarea voluntaria, afectuosa y solidaria, como la del “Cuatita”.

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