“Un año más, 22 años y realmente no tengo nada, no hay nada nuevo que contar”. Con estas palabras comienza la conversación con Margot González, madre de Ricardo Hárex González, protagonista de uno de los más emblemáticos casos de una persona desaparecida, que se mantiene presente en la memoria y los corazones magallánicos.
Muchas cosas han sucedido desde que el 19 de octubre de 2001, el joven magallánico fue visto por última vez, para luego desaparecer sin dejar rastro.
Al conversar con Margot, se percibe la tensa calma de quien tras años de esfuerzo sigue sin respuestas, pero guarda la esperanza de encontrarlas, a pesar de que con dulzura dice sentir vergüenza por “decir todos los años lo mismo… Es como algo insólito, han pasado 22 años y que no se sepa nada, se han especulado tantas cosas y que al final no se sepa nada, es algo realmente angustiante”, enfatiza González.
Recordando los inicios de la investigación, Margot señala que “estuvo mal desde el principio, con varios jueces, después nos cerraron la causa, hasta que después se la otorgaron a la ministra en visita Marta Pinto y ahí recién comenzó a trabajar minuciosamente en todo lo que había”.
Sin embargo, con la partida de la ministra Pinto, el caso pasó a manos de Marcos Kusanovic, quien según González “mantiene la misma línea” que Pinto, aunque lamenta que “no hay quién hable, quién diga algo y mientras no pase eso yo creo que no se puede avanzar mucho”.
Un mural, un bálsamo
En palabras de González, sí hay algo nuevo en torno a la figura de su hijo y es una obra mural, pintada sobre una muralla en la Avenida España, llegando a Rómulo Correa, en sentido de sur a norte, sobre la vereda oriente de la transitada vía.
“Eso es lo único nuevo que ha habido en este tiempo y lo mandó a hacer la agrupación”, dice González en referencia de la Agrupación Ricardo Hárex González, quienes acompañan la causa, manteniendo visible la demanda de respuestas hasta esclarecer los hechos en torno a la desaparición de Ricardo Hárex.
Finalmente, la obra es un bálsamo para la mirada de esta paciente madre, quien cariñosamente dice “quedó hermoso el mural, realmente lo paso a mirar y es como si Ricardo me estuviese mirando, con la misma sonrisa. Me emociona cuando paso por ahí a verlo”.