Las mascarillas fueron parte de un pasado que dolió, sacudió y tensionó la realidad de nuestro país, situación suscitada producto del terrible COVID-19. A semanas de haber declarado la OMS el fin de la emergencia sanitaria global (pandemia), Chile enfrenta una nueva crisis de salud, esta, conlleva la exigencia en que todos los niños mayores de cinco años utilicen en sus colegios una mascarilla a modo de prevención dado los casos de urgencia respiratoria, virus y otros similares, no obstante, una profundidad sobre la temática podría reflejar una precaria norma gubernamental, por tanto, mi columna de la semana sugiere lo siguiente; “Mascarillas Infantil: El último parche curita del Gobierno”.
Primero, la circulación de virus respiratorios obligó al Gobierno a instalar una norma que apuntara al cuidado y prevención en el área infantil, sin embargo, esto más allá de ser una plausible forma de salud, acuña ocurrencias de una realidad mucho más profunda. Fue durante la tarde de este lunes y en el contexto de abordar el aumento de virus respiratorios y la ocupación de camas críticas pediátricas a nivel nacional que los exministros de salud expusieron a la actual ministra de la cartera, Ximena Aguilera, aquellas medidas respectivas. Por ende, las declaraciones a posterior fueron: “Lo estamos anunciando en este momento y en acuerdo con el ministro de Educación (Marco Ávila). Estableceremos el uso obligatorio de mascarillas en los establecimientos escolares, hasta el fin de la alerta sanitaria, que en este momento es el 31 de agosto”, precisó Aguilera. Cabe señalar que, el jefe del Departamento de Epidemiología, Christian García y la jefa de la División de Gestión de la Red Asistencial (DIGERA), Fabiola Jaramillo, habían informado que la ocupación de camas críticas pediátricas se mantiene sobre la barrera del 90%, sin duda, una realidad que propicia una situación de fondo mucho más compleja, ya que, ante tal empirismo de datos cuantitativos se desconoce porque el Minsal no llamó, por ejemplo, a la Clínica Las Condes para ver camas disponibles ante alza de virus sincicial significativa. Tal vez, la “alergia” al mundo privado, los sesgos ideológicos y políticos, yuxtaponen en parte el triste momento sanitario que atravesamos como país. Las mascarillas son el resultado de una situación que deviene en años y años de carencia y ausencia de respuestas oportunas hacia el área de la salud, este, dicho sea de paso, es otro de los hechos que repercute principalmente hacia los sectores más vulnerables de nuestro país.
Segundo, si las mascarillas para los niños mayores de cinco años según el Gobierno son una utilidad indispensable en recintos cerrados como los establecimientos educacionales, ¿Por qué no lo son también fuera de los colegios? Una y otra vez observamos al presente Gobierno improvisando y reaccionando ante situaciones complejas, no abordando el fondo de la cuestión. Más aún, la ministra señaló que esto es “mientras están dentro de la sala de clases, después en el recreo pueden sacarse la mascarilla. Desde el Ministerio de Educación haga el proceso administrativo, se entiende que desde ahora les recomendamos que por favor las usen”. Situación promiscua y poco depurada en su análisis si consideramos que muchos profesores de colegios también imparten clases en Centros de Formación Técnica, Institutos Profesionales y en algunos casos en ciertas Universidades. ¿Acaso las clases aquí dictadas no son efectuadas por el mismo docente que, tal vez, horas antes intentaba “cuidar” y acatar las normas solo sobre un segmento de la población estudiantil? Entonces, ¿En el imaginario del Gobierno no es posible que un profesor pueda contraer ciertos virus en un colegio y llevarlos “silenciosamente” a la educación superior, por consecuencia, se le excluye en ciertas horas del día de la mascarilla? Pero ¿No fue ese mismo profesor que tuvo contacto con niños como posibles factores de contagio de virus? Por último, ¿No será posible que también en recreos se pueda contraer ciertos virus al extraerse la mascarilla, o ahí ya no? Esto es una ironía del Gobierno, una pesquisa mal efectuada, analizada y tristemente procedida hacia el espacio público.
Tercero, ni hablar de los contactos que niños y docentes podrían tener en patios de comidas, mall, supermercados, medios de transporte público, etc., por ende, el cuidado sigue siendo un precepto muy jabonoso si de “cuidado de salud infantil” hablamos (prevención dado los virus aludidos). Recordemos que también existen niños con enfermedades crónicas, y, por tanto, la mascarilla podría provocar incomodidad en este tipo de personas con problemas respiratorios permanentes. En síntesis, las mascarillas que fueron parte de un pasado que dolió, sacudió y tensionó la realidad de nuestro país a partir del COVID-19, hoy, vuelven como un símbolo de “solución” para frenar aquellos contagios producto de virus respiratorios en niños, no obstante, las conjeturas expuestas, la realidad educativa y las improvisaciones del Minsal y Gobierno en estas materias, podrían naufragar una vez más en la búsqueda incesante por hacer el “bien común”. De ahí que mi columna de la semana sugiera; “Mascarillas Infantil: El último parche curita del Gobierno”.