Mujer taxista: “Ya no puedo hacer las cosas que hacía antes producto de su irresponsabilidad”

“Desde el año 99 que me desempeñaba como taxista con licencia profesional y nunca había tenido un accidente, yo vivo sola y me hacía todas mis cosas, de mi trabajo y en mi casa. Ese día estaba trabajando un taxi y fui a buscar un pasajero y lo trasladaba hacia su domicilio y en ese trayecto vi un jeep que venía zigzagueando y en vez de doblar en su vía dobla por la mía y me choca de frente, venía sin luces, no perdí la conciencia. En ese momento vi que al menos dos personas salieron corriendo, donde después volvieron y sacaron al conductor, pensé que me venían a ayudar pero lo sacaron a él y lo arrastraron hacia el sector de las parcelas”. Con estas palabras, la víctima María Eugenia Bahamonde recordó ayer en juicio el impacto del cual sufrió diversas lesiones durante el año 2015.
Agregó que “el impacto fue terrible, primera vez que vivo algo así, en el momento quise bajarme para ayudar a mi pasajero que quedó en el asiento delantero, pero me di cuenta que no me podía mover, tenía fracturada la parte de las costillas. Avisé por la radio y los bomberos llegaron muy rápido. Tres veces tuve que ser intervenida quirúrgicamente por las lesiones, en mi tobillo izquierdo tengo un problema por el que no he podido recuperarme, me queda otra operación además. Tengo al menos tres fierros y clavos por esta lesión, estuve hospitalizada y sigo en tratamientos. Al vivir sola necesito la ayuda de diversas personas que me han ayudado a cuidarme y también contraté a una persona para que me ayude y estuvo varios meses conmigo en la casa. Gracias a Dios soy ordenada con mi plata, porque los gastos son muchos. Hasta el momento nunca esta persona se me ha acercado y ni siquiera llamó para preguntar mi estado de salud, ni con 100 pesos me ha ayudado. Con todas las operaciones se salvó mi pie, pero no tengo la funcionalidad que tenía antes, tengo que tener ayuda, no puedo hacer las mismas cosas que hacía antes de subir escaleras, caminar, ejercicios que hacía, nada”.
A pesar de esta declaración, el imputado Jaime Navarro Toledo, declaró ante los jueces que “ese día, cerca de las 5.15 horas estuve compartiendo con unos amigos e ingerí dos cervezas en lata, y de ahí con mis amigos dijeron que faltaba trago y fui comprar y cuando venía de vuelta en el trayecto y venía por Millaray y al llegar a Manuel Aguilar donde detengo mi marcha, veo hacia arriba y había un auto estacionado y miro hacia abajo no venía nadie y al reiniciar mi marcha sentí una frenada fuerte y un golpe. Ahí quedé  en el vehículo y mis amigos que llegaron me sacaron y me dijeron que me vaya porque llegaron los colegas taxistas de la señora y que me andaban buscando. Me quedé dormido y me desperté cerca de las 11 y fui a Carabineros para reconocer que participé en el accidente, no que lo provoqué. Me tomaron declaración y me llevan a hacerme la alcoholemia. El 2001 obtuve mi licencia clase B, nunca tuve accidentes de tránsito. Esa noche andaba solo en el auto”.
El juicio continúa hoy donde los hechos que le acusan al imputado datan de la madrugada del 1 de mayo del año pasado, en circunstancias que el imputado Jaime Navarro Toledo conducía en estado de ebriedad un jeep Geo Tracker por pasaje Millaray, y al llegar a la intersección de la calle Manuel Aguilar intentó efectuar un viraje, no cediendo el paso preferencial a un taxi básico que lo impactó de frente, el que era conducido por María Eugenia Bahamonde, quien se desplazaba por calle Manuel Aguilar, provocándose un impacto de alta energía.
Tras la colisión, el imputado se dio a la fuga, siendo ayudado por terceros que lo acompañaban.
Producto del accidente, a la taxista se le diagnosticaron lesiones graves gravísimas, entre ellas una fractura del tobillo izquierdo, politraumatismo, fractura costal, todas las que le provocaron una incapacidad laboral de 180 días y con una secuela funcional permanente. Se indica, además, que el pasajero del taxi, Sebastián Canales Burnes, resultó con una lesión leve en su pierna izquierda.
En relación a los daños, la afectada los estimó en $6 millones, entre repuestos y mano de obra, para poder poner en marcha su fuente laboral.
Se indica en la acción judicial que el imputado se presentó alrededor de las 11.45 horas ante Carabineros, admitiendo su responsabilidad en el accidente, arrojando una alcoholemia de 1,69 gramos de alcohol en la sangre. Fue así que se solicita la pena de cinco años por el delito de conducción de vehículo motorizado en estado de ebriedad causando lesiones graves gravísimas, leves y daños, y otra pena de cinco años por el incumplimiento de la obligación de detener su marcha, prestar la ayuda y dar cuenta a la autoridad policial más cercana en un hecho que se provocaron lesiones graves gravísimas. Además, la víctima demandó al imputado por la suma de 60 millones de pesos.

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