En Concepción, la botella de un litro de agua, uno de los bienes más escasos producto del terremoto, y la tardanza en la llegada de la ayuda, lo estaban vendiendo en $ 1.000. Algo parecido ocurría en algunos sectores de Chillán, donde el kilo de pan llegó a transarse en $ 2.500, cuando el precio normal es cercano a los mil pesos.
Otro de los servicios que subieron considerablemente de precio, fueron algunas empresas de transporte interurbano, quienes llegaron a cobrar
$ 40.000 por un viaje entre Osorno y Santiago, cuando el importe en una época normal es de menos de la mitad.
Ante esta situación, Fenabus, el gremio que agrupa al 90 % de los buses interurbanos y al 80 de las empresas de transporte rural o de corta distancia, pidió a las autoridades que tengan “mano dura” con las empresas que subieron sus tarifas tras el terremoto.