Tres
meses han pasado desde que se informó del primer caso de Coronavirus en
Magallanes. Nos aproximamos a los 100 días de estrecha convivencia con
la peor pandemia del último siglo. Y hemos aprendido de la enfermedad,
pero nos falta sacar muchas lecciones. En el ámbito organizativo es
claro tener en consideración que se pudo haber hecho mucho antes una
estrategia de trazabilidad de los casos de Covid-19 con la red de
atención primaria. Un aspecto positivo es haber aprendido que hasta que
no exista una vacuna contra el Coronavirus, no hay nada mejor que las
cuarentenas, pero respetadas. Y en ello, se han declarado cuarentenas
dinámicas, lo que se ha hecho con fundamento y de manera diferente en
distintas ciudades. Y se ampliaron las residencias sanitarias para
aislar a los enfermos que han dado positivo. Un tema pendiente es que se
pueda elaborar con el Ministerio de Educación un protocolo para cuando
se reinicien las clases. Ponerse de acuerdo posiblemente en horarios
diferidos, en la mañana para un grupo de alumnos y en la tarde para
otros, con el fin de que los estudiantes no acudan todos juntos y evitar
los contagios. Un aspecto a mejorar es la posibilidad de aportar desde
la Mesa Social y desde diferentes mesas de científicos y expertos al
diseño e implementación de la política sanitaria y económica para el
enfrentamiento integral de la pandemia. Se debe aprender la lección de
la urgente necesidad de mejorar la comunicación efectiva, que permita
tener el sentido de urgencia para que las personas puedan cumplir con
las indicaciones de la autoridad sanitaria. Y en ello se debe hacer un
mea culpa de la falsa sensación de que ya habíamos pasado la peor parte
de la pandemia nos hizo mal para valorar el efecto de nuestras conductas
personales. En Magallanes, el mejor ejemplo es el brote de las
pesqueras.