Querido Bill

El país más poderoso del mundo -a contar de enero de 2021- tendrá un nuevo presidente y, por primera vez en su historia, una mujer vicepresidente, quien sorprendió al mundo con su esperanzador y profundo discurso la noche del sábado recién pasado, como antesala del discurso del presidente electo, quien develó sus intenciones y esperanzas afirmándose en su profunda fe en Dios.
Como estudioso de temas internacionales, situado en una lejana y mítica región del mundo, considero que resta mérito democrático la odiosidad del candidato perdedor, el señalar que no llamaría al presidente electo para felicitarle ni enunciar un discurso admitiendo su derrota, deseándole suerte al sucesor, comprometiéndose colaborar en la transición del mando. Situación quizás inédita y diferente a otros políticos como George Bush padre, que en su oportunidad escribió una carta personal al presidente electo Bill Clinton, demostrando una educación, caballerosidad y decencia que ha quedado registrada en la historia. En efecto, sus palabras comenzaban con un “Querido Bill”, expresando: “Al entrar en este despacho, ahora mismo, he tenido la misma sensación de satisfacción y respeto que sentí hace cuatro años. Sé que tú también lo sentirás. Te deseo que seas feliz aquí. Yo nunca sentí la soledad que algunos presidentes han descrito. Vendrán tiempos muy difíciles, que lo serán aún más por críticas que no te parecerán justas. No soy muy bueno dando consejos, simplemente no dejes que los críticos te desanimen o te alejen de tus metas.  – Serás nuestro Presidente cuando leas esta nota. –  Te deseo lo mejor, igual que se lo deseo a tu familia. Tu éxito es ahora el éxito de nuestro país. Estoy contigo. Buena suerte. George”.
En nuestra política nacional reciente, no se encuentran cartas similares, pero seguramente las habrá: tal vez debamos investigar mejor. Lo que sí encontramos, es un reconocimiento respetuoso y amable hacia el ganador electo, con los respectivos deseos de éxito en la gestión futura, aunque el séquito acompañante del candidato no electo tengan el ceño fruncido y el gesto les salga forzado.
Quizás lo más importante, sea entender que la democracia y su ejercicio, corresponde a todos nosotros, en un marco de respeto y tolerancia, en el cual lo más importante es la vocación ciudadana, el amor a nuestra tierra y la legítima aspiración de tener un país mejor. Todos nuestros Presidentes, desde del retorno a la democracia, sin duda aceptaron este desafiante  mandato pensado desde sus propias perspectivas en las premisas del bien común, cuyo énfasis o matiz, no los aleja de la crítica y la capacidad de disentir que tengan las personas.
Independientemente de quién sea el Presidente, lo importante es que sea un ciudadano que respete la democracia y tome distancia del liderazgos sustentados en personajes narcisistas, autoritarios y arbitrarios, que el filósofo y politólogo estadounidense Noam Chomsky cataloga de “payasos psicópatas”.
Es por esto que el valor de la democracia -si creemos en ella como el mejor sistema de gobierno- también se cuida, – independientemente de la opinión que tengamos del gobernante de turno-, procurando opiniones sin insultos en muros virtuales o paredes de edificios, que muchas veces develan solo violencia y odiosidad.
Lo importante debiera ser decir lo que sentimos, pero sin hacer sentir mal a nadie con lo que se dice, evitando nuestro peor problema de comunicación: escuchar sin entender y contestar sin evaluar los efectos de nuestras palabras.

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