A menos que el Tribunal Constitucional diga otra cosa, la
Reforma Laboral está ad portas de convertirse en realidad.
Sin embargo, incluso al interior del oficialismo hay
discrepancias sobre su importancia.
Ayer, el diputado DC, Juan Morano, expresó que “es una buena
ley y un buen avance, aunque siempre se puede seguir mejorando. Con esto no se
acaba la discusión de las reformas laborales y siempre se puede discutir qué
cosas se pueden ampliar y mejorar”, expresó.
En este sentido, destacó que la ley aprobada no permitirá el
reemplazo de trabajadores en huelga, ni por otros trabajadores internos, ni
externos a la empresa.
En cuanto a la apelación al Tribunal Constitucional, el
parlamentario afirmó que “se ha vuelto una mala costumbre de la oposición cada
vez que se aprueba una ley que no les gusta. Pero estamos muy seguros de la
opinión de los juristas que respaldaron la constitucionalidad de esta ley
durante su tramitación en ambas cámaras”.
En cambio, el diputado independiente Gabriel Boric, votó en
contra: “La propuesta del Gobierno era mucho más modesta que lo que anunció,
mantenía los pilares que estructuran el plan laboral de la dictadura y no
acogía una de las principales demandas del mundo sindical: legalizar la
negociación por rama. En el Senado el proyecto retrocedió aún más (con la
incorporación de las adecuaciones necesarias, que en la práctica permiten el
reemplazo en la huelga; con el aumento del quórum de constitución de los
sindicatos y con la presunción de delito en la huelga, al exigir que sea “pacífica”),
pero, en nuestra opinión, el problema no estuvo ahí: la propuesta original ya
era insuficiente”, concluyó.