Reingreso escolar: la real urgencia educativa

Más
difícil que pellizcar un vidrio. Los modismos chilenos son tan
pertinentes cuando necesitamos explicar en simple cosas complejas.
Muchos de los que trabajamos en reingreso escolar, en tratar que niños,
niñas y jóvenes recuperen su derecho a la educación y regresen a la
escuela, a ratos, sentimos que pellizcamos vidrios.

Es
cierto: nuestro rol es visibilizar lo invisible. Dar cuenta de la
realidad de los niños, niñas y jóvenes más pobres y vulnerables, que no
marchan ni protestan, que no piden reivindicaciones, que no tienen
esperanzas. Antes de la pandemia, eran 186 mil, en 2021 se habló de unos
40 mil más. Hoy no sabemos. No hay prioridad en contarlos. Hay
cuestiones más urgentes, más políticas, en materia de educación.

Las
autoridades sacan cuentas sobre los deudores del CAE, compromisos sin
compromisos, entonces, ¿dónde está la prioridad con este grupo excluido
de nuestra sociedad? Hoy no tenemos cifras actualizadas de cuántos son,
ni tampoco tenemos a la vista la forma en que la actual administración
le dará continuidad a la implementación de la modalidad educativa de
reingreso.

Esto
es hacerse cargo de un tipo de estudiante que tiene todo en contra:
repeticiones, expulsiones, bullying, inasistencias, anotaciones, fama de
conflictivo. Adversidades que son producto de una diversidad de
problemas: sociales, económicos, familiares, de aprendizaje. O sea, un
niño, niña o joven, que a todos les parece “un cacho”.

Pero
el mundo, sobre todo el que vive en pobreza y exclusión, está lleno de
“cachos” y para que dejen de serlo se requiere una oferta educativa
especializada de reingreso. Una atención dedicada, financiada y ad hoc a
su realidad.

Cuando
enfrentamos las problemáticas en educación suele pasar que lo urgente
se come lo importante y el dilema es siempre por dónde partir. Ese es el
principal desafío de los tomadores de decisiones y diseñadores de
políticas públicas. La pandemia ha dejado grandes brechas de
aprendizajes en lo cognitivo y en lo socioemocional; también en lo
académico. Pero además ha dejado a muchos por el camino. Fuera.
Dropout, como dicen los gringos.

El
gobierno habla de justicia educativa y de la instalación de un nuevo
paradigma de educación. Todo relevante pero no prioritario si pensamos
en los que están fuera del sistema y debemos recuperar. Lograr que
vuelvan, que reingresen al sistema mediante experiencias educativas
reparadoras y significativas, debería ser de vida o muerte para todos.
Una prioridad país, más cuando vemos a tantos jóvenes cooptados por la
delincuencia y el narco en los territorios más vulnerables.

Vemos
con preocupación que “otra vez” dentro de los grandes planes se queda
fuera esta población invisible. Y es extraño, porque si hablamos de
justicia educativa, debería ser la primera prioridad: los niños, niñas y
jóvenes que abandonaron el sistema educativo antes incluso de la
pandemia y que cada día constatan la imposibilidad de recuperar su
derecho a la educación. Ojalá las autoridades vean a estos invisibles y
los prioricen. Y que los que trabajamos por ellos y su inclusión,
dejemos de sentir que pellizcamos vidrios.

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