Pensar los problemas de salud mental en tiempos donde asecha una pandemia de carácter mundial, nos lleva a establecer correlaciones positivas en términos de causalidad, donde una pareciera resultar efecto de la otra. Efectuar dicho análisis no resulta distante del sentido común, dado los diversos cuadros de ansiedad, depresión y otros trastornos adaptativos que se han suscitado durante el presente año pandémico, habiendo un aumento en la demanda de atención de salud mental, ante los variados cambios ambientales producidos durante este año 2020.
No obstante lo anterior, quisiera reflexionar en torno a fenómenos que han quedado al descubierto en función de las vicisitudes contextuales. Siguiendo dicha línea argumentativa, resulta esclarecedor y necesario entender que un fragmento de la diversidad de problemas de salud mental que llegan a la consulta psicológica, tiene en realidad, un origen anterior a la crisis covid-19.
Siendo estos por exacerbación sintomática, o por desborde de las defensas psíquicas y conductuales utilizadas regularmente para vincularse con la realidad, terminan eclosionando en malestar y la psicopatología concomitante. En otras palabras, la pandemia y las políticas ejecutadas para hacer frente a dicho fenómeno, implicaron que cada individuo tuviese que readecuar sus propios recursos psíquicos para preservar su bienestar.
En esa readecuación, ante las dificultades en el desarrollo defensas o estrategias cognitivas y conductuales que le permitan preservarse del malestar subjetivo personal, dicho malestar decanta en algún cuadro psicopatológico. La pandemia vino a despojar, de esta manera, aquellos velos que nos permitían surfear en la vida cotidiana, encubriendo un malestar y un padecer subjetivo bajo la premisa de un funcionar-actuar de carácter evitativo o anestésico. Así entonces, la compulsión por las compras para llenar el vacío interior, la ludopatía de aquellos asiduos a las maquinas del casino para así sentirse vivos, quienes anestesian su sufrimiento interno en el alcohol u otra clase de drogas lícitas o ilícitas, los que buscaban con frenesí olvidarse de los problemas en el ruido de las discotecas, el acceso a la prostitución para satisfacer el deseo sexual sin un compromiso afectivo con un otro, o quienes utilizaban el viajar constantemente para olvidarse de las frustraciones personales en el lugar que habitan, etc.
Todas estas figuras, que son parte de este empuje a la felicidad del sujeto moderno, implican una vía ilusoria de escape frente a la realidad y el malestar de cada uno, siendo vivenciado de manera egosintónica -entendido esto como los comportamientos, valores y sentimientos que están en armonía o son aceptables para las necesidades y objetivos del yo y su ideal- por el sujeto en su cotidianeidad, por lo cual, el autoengaño se configura, como la pastilla del día a día que viene a apaciguar, aquella frustración o angustia interior. Ojo, que no se trata de establecer juicios valóricos sobre dichas modalidades para lidiar con la realidad, sino más bien que, exista la posibilidad de cuestionar aquel condicionamiento determinista en el cual a veces nos encontramos, cuando tal vez, podríamos reconfigurarnos hacia otras vías más saludables, adaptativas y enriquecedoras, dejando a un lado la repetición de la misma escena que representamos con habitualidad.
En ese sentido, la pandemia ha venido a remecer la estrategia del sujeto evasivo o anestesiado, al no permitir la utilización de sus estrategias habituales para confrontar su propia realidad. La interrogante, viene a situarse en cuál será el devenir del sujeto común, una vez que este modelo neoliberal -que nos vende una diversidad de posibilidades para evadirnos de nosotros mismos- regrese a su circuito de “normalidad”, frente a ese empuje a la felicidad y al goce de lo inmediato que nos demanda el capitalismo, ¿volveremos a evadir, a anestesiarnos parcialmente, para así desconocer o no saber nada de nuestro propio síntoma?, o ¿seremos capaces de desarrollar una mayor conciencia de nuestro malestar, y desarrollar nuevas estrategias o métodos para resolver y manejar nuestros conflictos? ¿Esta pandemia nos cambiará, o reaccionaremos con algo más de lo mismo?