¡S.O.S. Afganistán!

¿Se
imagina que alguien en Chile dijera que las mujeres tendrán prohibido
reírse en público, andar en bicicleta, estudiar, trabajar o asomarse a
una ventana de su casa? Ciertamente suena ridículo, pero así de extremas
y fuera de tiempo son algunas de las medidas que los talibanes les
imponen a las mujeres. Lamentablemente, esto es justamente lo que están
sufriendo hoy las niñas y mujeres afganas.

Tras
dos décadas desplegadas en Afganistán, las fuerzas militares de los
países de la OTAN iniciaron esta semana el retiro de todas sus tropas
desplegadas en ese país, dejando el terreno libre para el definitivo
avance de las fuerzas talibanas a las grandes ciudades, incluida su
capital, Kabul.

El
terror que esto ha causado en la población ha provocado escenas
dramáticas de personas aferrándose a un avión en marcha como medida
extrema para tratar de salir de las fronteras de Afganistán y así salvar
sus vidas. Pese a que en estos primeros días de ocupación en Kabul los
talibanes han sostenido que no atentarán contra la población, ya se
conocen informaciones de prensa que dan cuenta de asesinatos en contra
de mujeres que, por ejemplo, se negaron a dejar sus puestos de trabajo.

Junto
a lo anterior, diversos testimonios de mujeres afganas pidiendo no ser
olvidadas se han viralizado por las redes sociales, al igual que algunos
crudos registros, como uno donde se puede ver a un grupo de talibanes
rodeando a una mujer que los encara, para finalmente asesinarla de un
disparo en la cabeza, no sin antes haber advertido a quienes
presenciaban la horrible escena sobre las consecuencias de oponerse a
sus mandatos.

No
se trata, en el caso de Afganistán, que se estén limitando algunos
derechos de las mujeres, situaciones que en sociedades como la nuestra
consideramos que ya no son aceptables, como por ejemplo la igualdad
salarial, sino que se enfrentan derechamente a perder la vida sino se
someten -la palabra no es casual- a los dictámenes más radicales de la
ley islámica. Es oportuno señalar que las prácticas aberrantes que aquí
mencionamos no guardan ninguna relación con el Islam como religión, pues
no son lo mismo.

Resulta
evidente que el futuro y la vida de cientos de miles de niñas y mujeres
afganas se encuentra seriamente amenazada y, ante este hecho, la
comunidad internacional, pero especialmente las mujeres de todo el
mundo, no podemos quedar ajenas.

Por
todo lo anterior es que, desde la Red de Mujeres Humanistas de
Latinoamérica, que presido, hicimos un llamado urgente a las autoridades
de todos los países democráticos, a los organismos internacionales, a
las figuras públicas de todos los ámbitos y a las ONGs, para que alcen
su voz para resguardar la vida y los DD.HH de las niñas y mujeres
afganas que hoy se sienten abandonadas a su suerte.

Que
en pleno Siglo XXI se comentan actos de barbarie contra niñas y
mujeres, propios de épocas marcadas por el oscurantismo, no puede
dejarnos impávidas e inmovilizadas. Por lo pronto, es evidente que las
mujeres que se habían destacado profesionalmente en estos veinte años o
aquellas que hacían activismo son las principales amenazadas y deberían
ser las primeras en ser rescatadas de una muerte casi segura. ¡Es tiempo
de actuar!

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