Ángela Jeria, una mujer
con opiniones asertivas, claras y concretas, que nunca evitó contestar
alguna pregunta política comprometedora, pero si, cuidando de no
trastocar el rol de la presidencia de la república, que ocupaba su
hija. Dueña de una templanza que permitió que muchos la admiren, por su
sentido de justicia, con un indiscutible sello de generosidad, para
quienes la dañaron de manera ruin, cobarde y sin justificación alguna.
Sin
duda no fue fácil, superar la pérdida irreparable de su esposo y padre
de la ex presidenta Michelle Bachelet, quien fue víctima de múltiples
torturas y como consecuencia de ello se apaga la vida del ex generala
los 50 años, tras ser detenido en la academia de guerra de
la Fach; Como resultado de este acto repudiable, Ángela Jeria y su hija
Michelle heredan el exilio impuesto por el gobierno de un dictador que
no merece ser nombrado en esta crónica, quien además de la infamia
cometida, no dio tregua a quienes se oponían a su forma de gobernar.
Una
mujer intelectualmente admirable, prudente y justa, con un profundo
respeto por la democracia y por los pensamientos políticos diversos, con
profundo compromiso por los Derechos Humanos.
Una
de sus características más notable era lo aplicada que fue en su vida,
tanto en sus convicciones personales, como respecto de la izquierda y
las razones por las que debía permanecer unida, integrando más de alguna
vez a comandos con miras presidenciales, argumentando que lo logrado
debía continuar, más allá de las personas en favor de las personas. Se
mostraba orgullosa de los logros de su hija, asumiendo que en su segundo
periodo debía colocar todos esfuerzos en centrar su administración en
todos los cambios necesarios para lograr un CHILE, más justo y
equitativo.
Seguramente,
para muchos/as era extraño su bajo perfil al lado de la ex mandataria,
sin embargo, no es menos cierto, que ha diferencia de lo que cualquier
otro familiar cercano al sillón presidencial haría, ella prefirió actuar
sólo desde su rol de ciudadana sin privilegios y respetuosa de la
gestión de la ex mandataria; aunque bastante se habla de lo radical que
solía ser políticamente hablando en materia de Derechos Humanos y su
relación con el mundo de la política respecto del cambio social que
debía tener nuestro país en los años venideros, reforzando la democracia
y llamando a su revaloración, por la incertidumbres que se vivían en el
último tiempo.
Sería
muy injusto no realizar en estas líneas un reconocimiento a su rol de
madre, el respeto por el rol, autonomía y las decisiones
de su hija, dan cuenta de una mujer que se mantuvo al margen de los
espacios políticos de su hija, siempre estuvo para contenerla en los
momentos difíciles que no fueron pocos, haciendo honor a su profesión de
antropóloga, mirando desde afuera el comportamiento, seguramente con un
cuaderno de campo imaginario de manera discreta y silenciosa, esta
sintonía natural que tenía con su hija, situándose por encima del
desconsuelo, el dolor y las atribulaciones que se cuidó de no
traspasarlos a su hija y que seguramente celosamente con ella, para
defender con profunda convicción el compromiso asumido en materia de los
Derechos Humanos, propiciando desde siempre la importancia y el sentido
de la inclusión política.