Los
políticos profesionales se regocijan de su figuración mediática y
aplauso fácil, no importando la coherencia de sus posturas políticas.
Sin considerar el resultado y consecuencias, los cazadores de votos no
buscan maximizar los beneficios de la política pública, partidarios y
electores; la rentabilidad personal es el eje rector, y con algo de
suerte, coincidirá con el bien común. Por ello, la sociedad ve a la
mayoría de los políticos, particularmente parlamentarios, desconectados
con la realidad. De hecho, las encuestas son lapidarias: solo el 3% de
la ciudadanía considera que el aporte de diputados y senadores ayuda a
resolver la pandemia.
En
la región no podría ser distinto, cuando se aquilata que un diputado de
figuración nacional ha recibido entre sueldo y asignaciones más de 1400
millones de pesos en 6 años, ha presentado 12proyectos de ley, de los
cuales 3 son de índole regional: un proyecto referido a declarar feriado
el 21 de Septiembre, y dos proyectos relacionados a bloquear la
industria salmonera. Por tanto, es necesario analizar el desempeño de
cada uno de nuestros parlamentarios, de los dos senadores y tres
diputados, los cuales cuestan más de 100 millones mensuales del erario
fiscal.
Tal
como las demandas sociales nos exigen mayor cohesión social en Chile
vía mejor salud, educación, seguridad y pensiones, también sabemos que
aquello va de la mano de una mejor gestión del Estado tanto a nivel
central como a nivel regional y local. Sin embargo, en los últimos 20
años hemos tenido 14 intendentes regionales, de los cuales a ninguno
podemos identificar patentemente con una Estrategia de Desarrollo
Regional que impulse el desarrollo social, económico sustentable y
diversificado, y territorial de Magallanes, ya que cada intendente fue y
es un mensajero, para bien o para mal, del poder de burócratas sentados
en la capital. Como consecuencia, el desarrollo regional ha quedado a
la deriva por no tener un capitán al timón.
En
tiempos de crisis como el actual, es vital observar una autoridad
central clara y firme en la toma decisiones, pero se echa de menos la
independencia de una autoridad regional con similar prestancia, capaz de
no solo coordinar acciones en el territorio, si no que además ser capaz
de diseñar y ejecutar medidas institucionales para resolverlos
problemas sociales, económicos y territoriales específicos de
Magallanes. Sin embargo, a río revuelto, ganancia de pescadores. Por
ello, y ante el riesgo de la figura de un Gobernador Regional electo que
eclipse sus figuras e influencia territorial colocando al desnudo las
reales carencias, no resulta sorprendente el silencio de los
parlamentarios de nuestra región respecto que “debe suspenderse o
eliminarse la elección de gobernadores regionales”, ya que ante la
posibilidad de suscribir una nueva Constitución, se podría instaurar
otra forma de organización político-administrativa del Estado.
Los
políticos de la región tienen una gran responsabilidad, porque sus
actos tienen profundas consecuencias. En ellos está aguzar los
malestares de los ciudadanos o modelar y conducir las expectativas para
enfrentar un futuro complejo en que la mayoría de los magallánicos no
ha conocido de la escasez. Tal como el Coronavirus se superará gracias a
una vacuna, los malos elementos en política se eliminan con la
“inyección” del voto.