Armas en EE. UU.: un viejo debate que normalmente termina en nada

La
historia es más o menos la misma. Casi que trillada. Una horrenda
masacre deja al país en “shock” y reclamando respuestas.

Casi en
simultáneo se desata una guerra de recriminaciones en la que la mayoría
reclama más controles en la venta de armas, mientras otros insisten en
que esa no es la solución. Con el paso de los días, el tema se diluye y
la matanza termina convertida en una estadística más.

Algo
parecido ya está pasando con la masacre de San Valentín, el nombre que
se le han puesto al tiroteo en una escuela de Florida el miércoles
pasado, en el que un joven de 19 años mató a 17 personas, en su mayoría
adolescentes.

Desde
el primer minuto, cuando aún el humo ni siquiera se había disipado, los
políticos en Washington, demócratas en gran parte, apuntaron sus salvas
a la obsesión estadounidense con las armas de fuego y las laxas leyes
que permiten que casi cualquiera pueda comprarlas legalmente hasta en un
supermercado.

“Estamos
frente a una epidemia de masacres exclusiva de Estados Unidos, y
nosotros somos los responsables por hacer nada”, fue el grito que se le
escuchó al senador Chris Murphy, quien lleva años insistiendo en que la
única salida para la barbarie es estableciendo restricciones al flujo de
armas en la sociedad civil.

Más
demoledor fue Cameron Kasky, de 17 años: “No podemos ignorar el tema
del control de armas que ésta tragedia resalta. Esta vez vamos a exigir
cambios porque los políticos nos han fallado a la hora de impedir que
las armas ingresen a nuestros colegios”, dijo, hablando con la autoridad
de las víctimas, pues estudió en el colegio en donde ocurrió la
masacre.

El
Presidente Donald Trump, representando la otra cara de la moneda en
este debate, le apuntó a elevar la seguridad en los colegios, pero sin
siquiera mencionar la posibilidad de controlar la venta de las armas de
fuego. El senador republicano Marco Rubio fue aún más directo al indica
r que “ninguna medida” para restringirlas habría evitado la tragedia.

Y es allí en donde suele estancarse la polémica.

Hay que resaltar que al menos sobre el papel, los que empujan por los cambios están más cerca de la verdad y la opinión pública.

De
entrada, y según una encuesta reciente del Pew Center, hay una clara
mayoría de estadounidenses, más del 60 por ciento, que quieren elevar
los controles. Si bien es un número que oscila, viene en alza y con
seguridad volverá a subir tras la masacre.

Y
parecen evidentes las estadísticas que muestran una relación directa
entre la cultura pro armas de EE. UU. y este tipo de incidentes.

Para
comenzar, en EE. UU., pese a representar el 4,4% de la población
mundial, están el 48% de las armas del mundo (entre civiles). Esas son
unas 310 millones para un país de unos 350 millones. Casi una por
habitante. En el país que le sigue, la India, hay unas 45 millones de
armas en una nación que tiene cuatro veces más habitantes (1.330
millones), según un estudio de la Universidad de Lankford, en Alabama.
El 35% de todas las masacres que han ocurrido en el mundo desde 1966 se
han desatado en EE. UU. Son 146 masacres en las que murieron cuatro
personas o más. En Filipinas, país que le sigue, ocurrieron 20 en ese
lapso.

Las
tasas de homicidio con armas de fuego también son alarmantes si se las
compara con todas las naciones en desarrollo. Mientras en EE. UU. son
29,7 muertos por un millón de habitantes, en Suiza, la nación que le
sigue, son siete por cada millón de habitantes.

El
problema es bien evidente en otro estudio de la Universidad de Chicago
en el que se concluye que si bien EE. UU. tiene niveles de crímenes
similares a otras naciones desarrolladas, la diferencia está en el
número de muertos que dejan esos asaltos. Un habitante de Nueva York
tiene 54 veces más oportunidad de morir durante un hurto que uno de
Londres, donde el Estado ejerce un estricto control al porte de armas de
fuego.

Y
lo que sucede en las escuelas del país también es único. Desde la
masacre de Columbine, hace 19 años, la primera de este tipo que se
recuerda, se han presentado 170 tiroteos en centros educativos. Solo
desde el 2012 van 138 muertos en colegios del país por la vía de las
armas de fuego.

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