Martes a medianoche. La espera para comprar gasolina se ha prolongado por casi dos horas. Entre los automóviles, un joven en bicicleta platica con los conductores.
“En la calle Mar Mediterráneo están surtiendo sin fila. Si quiere lo llevo”, ofrece.
En ese lugar no existe ninguna gasolinera. Los conductores entienden: lo que se ofrece es combustible robado, “huachicol”.
La escena ocurre en una colonia de clase media de Ciudad de México, donde en pocas horas cientos de automovilistas llenaron las estaciones de servicio ante el riesgo de que se presente desabasto de gasolina, como ocurre en algunas regiones del país.
Como
informó en su reportaje BBC Mundo, este robo de combustible es tan
común en México como mortal. Se trata de un sistema peligroso que puede
provocar graves accidentes.
Como
el del municipio de San Juan del Río en el céntrico Estado de Querétaro
o el que ha dejado este fin de semana 66 muertos y más de 76 heridos en
la localidad de Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo.
Desde
hace semanas, en al menos ocho estados existen problemas para abastecer
gasolina y diésel, después que con la nueva estrategia contra el robo de combustible se cerraron las válvulas de algunos ductos.
Petróleos
Mexicanos (Pemex) afirma que hay suficiente gasolina para atender la
demanda, pero como se envía por autotanques o pipas, la distribución es
más lenta.
“Hay gasolina suficiente en los centros de acopio del país”, asegura el presidente Andrés Manuel López Obrador.
“Pero no podemos utilizar los ductos porque existen redes que se crearon para robarse las gasolinas, redes alternas”.
“Sería
fácil abrir los ductos y decir: ‘Se normalizó ya la situación’, pero
mantener a sabiendas el robo, es decir, aceptar, tolerar el robo. Eso no
lo vamos a hacer, vamos a resistir todas las presiones que sean”,
agregó el Mandatario.
En el caso de Ciudad de México, hubo compras nerviosas, lo cual redujo el combustible disponible en las gasolineras.
Por eso la oferta del joven de la bicicleta. La medianoche de ese martes consiguió por lo menos diez clientes.
Los compradores
La venta clandestina de gasolina es cada vez más frecuente en la capital mexicana.
Según datos oficiales, en los últimos dos años la ciudad se ha
convertido en uno de los principales centros de distribución
de “huachicol”.
En
2018, según datos del gobierno de Ciudad de México, se extrajeron de
los ductos que cruzan la capital unos 400.000 barriles de hidrocarburos.
Como en otros estados del país, parte de la gasolina y diésel se comercializa en gasolineras legales.
Pero también se vende a conductores de transporte público, refaccionarias o negocios pequeños.
Un
proceso de distribución que se construyó en las últimas décadas, según
le dice a BBC Mundo Ana Lilia Pérez Mendoza, autora del libro “El cartel
negro” que documenta el robo de combustibles a Petróleos Mexicanos
(Pemex).
“Es una realidad que empresas gasolineras comercializan hidrocarburo robado”, explica.
“Desde
dentro de Pemex se identificó a las gasolineras que dejaron de
comprarle, todo lo que vendían era robado y aun así no se les
rescindieron los contratos de franquicia”.
De
hecho, después que inició la nueva estrategia contra el “huachicoleo”,
Petróleos Mexicanos –que abastece el 95% de la gasolina del país–
canceló el contrato a 130 estaciones de servicio, según datos de la
Comisión Reguladora de Energía.
BBC Mundo solicitó información a Pemex sobre el proceso y forma como se practica el robo de combustible. No hubo respuesta.
El método
De acuerdo con la especialista en México, existen tres modalidades de robo de combustible.
La primera es a través de tomas clandestinas que en los últimos años creció de forma importante.
De hecho, en el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto se detectaron más de 12 mil sitios de extracción a ductos.
En
esta modalidad también hay variantes, dice Ana Lilia Pérez. Desde hace
décadas se construyó una especie de red paralela a los poliductos para
extraer permanentemente el combustible.
“Son conexiones muy bien hechas, instaladas por profesionales”, cuenta.
Otra
forma de extracción clandestina son las llamadas “tomas calientes”, es
decir, perforaciones que se realizan de manera improvisada para extraer
hidrocarburos en poco tiempo.
Este procedimiento es el que causa más accidentes y por eso también es más visible para los medios y ciudadanos.
Un gran mercado
Pero
hay otros métodos más discretos. El Presidente Andrés Manuel López
Obrador cuenta que al asumir el gobierno detectaron casas y bodegas
construidas a unos metros de los ductos.
“Y lo que hacían era ordeñar. Luego guardaban el combustible en las bodegas”, explica.
En esta modalidad participan bandas locales pero también grupos de narcotráfico dice la especialista.
Por
ejemplo en Tamaulipas, donde opera el cartel de Los Zetas, sus miembros
están “vinculados con empleados de Pemex”, extraían directamente de los
pozos petroleros un producto llamado condensado de gas.
El material se utiliza para refinar gasolina de alta calidad y su mercado principal se encuentra en Estados Unidos.
“Los Zetas lo llevaban en pipas que cruzaban la frontera o por los ductos que instalaron”, cuenta Pérez Mendoza.