El relato de los chilenos que decidieron volver de Venezuela

En
camilla y con una voz que difícilmente se escucha, María Soledad
Maturana, de 61 años, llora. “Mis lágrimas son de alegría por estar en
mi patria donde nunca debí salir, nunca. Yo lloré el día que me sacaron
de aquí (exiliada durante la dictadura) y tenía razón”.

Su hijo, quien
arribó a suelo chileno junto a ella, toma la palabra. Rafael Navarro
aclara que nunca había estado en el país, expresando su agradecimiento
con “el Gobierno de Chile que nos prestó la ayuda en un momento bastante
difícil que estamos pasando en Venezuela”.

Como
informó Emol, emoción y gratitud eran los sentimientos que se percibían
luego de que el avión Boeing 767 de la Fuerza Aérea (FACh) aterrizara a
las 07.45 horas en Santiago y bajaran 88 chilenos que hasta ayer
residían en Venezuela junto 11 caribeños que optaron por seguir a sus
familiares.

Todos lograron demostrar la situación de vulnerabilidad en
que vivían en Venezuela, para así, de forma voluntaria, subir al avión
dispuesto por el Gobierno para recogerlos en Caracas y traerlos de forma
gratuita hasta la capital chilena. Recién nacidos de tres meses hasta
adultos mayores de 90 años fueron recibidos por el Presidente, Sebastián
Piñera, en el Grupo 10 de la Fuerza Aérea de Chile (FACh).

“Mi mamá
tiene muchos problemas de salud y en Venezuela la salud ahorita no
sirve. No hay apoyo ni por parte del Gobierno y la parte privada es
imposible. Parte de la decisión de venir a Chile es para tratarla”,
añadía Rafael Navarro. El hombre, técnico superior en relaciones
industriales, se mantiene optimista respecto a conseguir trabajo en
Chile y afirma que no piensa en volver a Venezuela y que su mayor
preocupación en este momento es traer al resto de su familia.
“Despedirte de tú esposa, hija mayor, tú bebé, no es nada fácil”,
comenta.

“Para nadie es un secreto el cómo está la situación en
Venezuela”, manifestaba, notoriamente emocionada, Andrea Espineda, de
madre chilena y quien, con su pequeña hija de tres meses en los brazos,
mantiene la esperanza de que un mejor lugar para criarla es Chile,
producto de la crisis humanitaria en la que vive el país liderado por
Nicolás Maduro. Raúl Figueroa, también venezolano, llegó a Chile hace
más de un año y cuenta que en su país de origen conoció a Carolina,
chilena, y se casaron hace 23 años. La estaba esperando junto a sus dos
hijas en el aeropuerto.

Ella llegó a Venezuela en 1978, cuando su madre
decidió autoexiliarse junto a su familia. “Tenía un año y cuatro meses
sin ver a mis hijas y a mi esposo, pero por fin ya los tengo, reuní a la
familia. Con el favor de Dios ya nunca nos vamos a separar más. Fue
duro venirme sola”, dice Carolina. “Venezuela me abrió muchas puertas,
me dio una familia y un esposo, y ahora vengo a hacer familia aquí
también, con ellos, a seguir adelante y seguir luchando”, enfatiza la
joven mujer.

Otro
que estaba esperando a su familia era Rafael Caviedes, venezolano,
quien en junio de 2017 llegó a Chile. Afirma que apenas piso el país
comenzó las gestiones para traer a su esposa e hija, pero comenta que la
realidad le chocó un poco, “no era tan sencillo. Afortunadamente se dio
esto y ahora la idea es acomodar a mi esposa y que se relaje”, señala.

Tras ello, indica que en Venezuela “estábamos viviendo todos los
problemas posibles: el tema de la inseguridad, la salud, el tema
económico. Cualquier cosa sencilla para un chileno, allá es una
aventura”.

“Hace dos años que ya se hizo insostenible seguir viviendo en
Venezuela. Desde ahí ya veníamos manejando el tema de venir a Chile. Es
una pérdida de tiempo seguir en Venezuela. Es una lástima decir que voy
a seguir luchando para estar en mi país, cuando el país te está
echando, en realidad, no el país, quienes ilegalmente conducen el país
te están echando”, enfatiza.

Por
último, quien contó su experiencia fue Víctor Muñoz, quien calcula que
hace treinta años partió a Venezuela, país del cual se enamoró. Hace
cuatro meses optó por volver a Chile junto a su esposa, pero dejó a su
hija, a la que volvió a ver hoy junto con conocer a su nieta. “Hace
cuatro años que me quedé sin trabajo en Venezuela, recibía cierta ayuda
de algunos amigos y con eso podíamos vivir, pero no era suficiente”.

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