Sorpresa generó en
el mundo la noticia de un joven chino de 18 años que murió en un centro de rehabilitación para adictos a internet. No alcanzó a estar 2 días cuando las múltiples
lesiones que sufrió a causa del entrenamiento militar al que era sometido le ocasionaron
la muerte. No es el primer caso de esta naturaleza en ese país, en el que
enviar a los hijos a centros como éste es cada vez más común. Hoy, el encargado
del centro y otros 4 miembros del personal se encuentran detenidos a la espera
de que se determinen responsabilidades.
¿Afición o patología?
En China, la
adicción al internet ya es considerada una patología clínica. En 2009 se
estimaba que al menos 23 millones de jóvenes sufrían de esta enfermedad, por lo
que las autoridades tomaron cartas en el asunto y pusieron a disposición de la
comunidad más de 400 centros de rehabilitación. Estas instalaciones prometen
rehabilitar a los adolescentes y niños al más puro “estilo militar”, inculcando
hábitos, metodología y ejercicios físicos forzados, sin contar con ningún tipo
de contacto con el mundo exterior, mucho menos con la tecnología.
¿Cómo operan estos centros?
Las familias
dejan a los menores al cuidado de especialistas que, además de impartir
instrucción militar, monitorean su actividad cerebral mediante escáneres e
imparten sesiones de apoyo psicológico. Los internos – que en muchos casos son
medicados- deben vestir ropa camuflada, levantarse a las 5 de la mañana, ver películas
de guerra, ejercitarse y acostarse cuando se les indique. Algunas veces, cuando se considera que los
progenitores han fallado como padres, deben internarse también.
Estos “tratamientos”
pueden durar alrededor de 4 meses y costar 1.600 dólares por interno.
Fotógrafo infiltrado
En 2016, el
fotógrafo Lorenzo Maccota estuvo una semana internado para conocer el funcionamiento
de estos centros. Si bien considera que
pueden ayudar a recuperar conciencia de la realidad, tiene su lado negativo:”Aniquilan
su personalidad. Se Mantienen en una
postura formal de silencio y obediencia. No demuestran su tristeza, pero estoy
seguro de que extrañan a su familia y a sus amigos”.
“Para un
niño es muy difícil vivir una experiencia como esta”, dijo. “No creo
que ayude”.