Sólo este año el régimen
norcoreano ha efectuado 18 lanzamientos de misiles. Suma que se eleva a 92 en
los casi seis años que Kim Jong Un lleva en el poder. Una cifra
considerablemente superior a la registrada en la administración de su padre,
Kim Jong Il, que lanzó 46 misiles, o los 17 probados durante el régimen de su
abuelo y fundador de la nación, Kim Il Sung.
Esto, según el recuento
actualizado hasta el 16 de agosto por el Centro de Estudios Estratégicos e
Internacionales (CSIS), que no incluye las últimas pruebas realizadas por
Pyongyang, entre ellas la del misil balístico que el lunes sobrevoló territorio
japonés provocando alarma.
Según el diario The Washington
Post, este último misil parece haber sido un Hwasong-12, un cohete de alcance
intermedio técnicamente capaz de volar 4.800 kilómetros, el mismo que Corea del
Norte ha estado amenazando con lanzar hacia la estratégica isla de Guam, en el
Pacífico.
Si bien el objetivo de Pyongyang,
según el Post, habría sido probar el misil en una trayectoria normal que no
cruzara una “línea roja” que pusiera en riesgo a ese territorio estadounidense,
el Presidente Donald Trump fue categórico. “Todas las opciones están sobre la
mesa”, advirtió el inquilino de la Casa Blanca, para quien “el mundo ha
recibido el mensaje de Corea del Norte alto y claro: este régimen ha señalado
su desprecio a sus vecinos, a todos los miembros de Naciones Unidas y a los
estándares mínimos de un comportamiento internacional aceptable”.
Pero la jugada de Kim sería otra.
Expertos citados por el diario chino Global Times aseguran que el último
lanzamiento no indica que la tecnología de misiles norcoreanos haya mejorado
para atacar con precisión a Guam. Pero al amenazar la seguridad de Japón lo que
Pyongyang podría querer es forzar a Estados Unidos a negociar.
“Bajo la tremenda presión
estadounidense, Corea del Norte ha lanzado múltiples misiles, pero ha fallado
en recibir una respuesta deseable por parte de Estados Unidos. El vuelo del
misil balístico sobre Hokkaido podría ser una estrategia para ‘secuestrar’ a
Japón y Corea del Sur, los dos principales aliados estadounidenses, para
amenazar a EE.UU. y forzarlo a la sumisión en ciertos términos”, comentó al
Global Post Da Zhigang, director del instituto de estudios del nordeste de Asia
de la Academia de Ciencias Sociales de la provincia de Heilongjiang.
Para Abraham Denmark, director
del programa de Asia en el Wilson Center y ex alto funcionario del Pentágono,
el lanzamiento del misil marcó una escalada preocupante de parte de Corea del
Norte. “Este es un estilo mucho más peligroso de prueba”, dijo al Post.
Pero Corea del Norte defendió
ayer su derecho a la autodefensa y advirtió que continuará con su política de
“disuasión nuclear”. “Tenemos razón de responder con contramedidas duras en el
ejercicio de nuestro derecho a la defensa propia y Estados Unidos será
enteramente responsable de las consecuencias”, dijo el embajador norcoreano
ante la Conferencia de Desarme, Han Tae-Song.
El diplomático norcoreano afirmó
que los ejercicios militares anuales que realizan actualmente EE.UU. y Corea
del Sur “son una preparación para la guerra y para un ataque preventivo contra
mi país”. Y acusó al Consejo de Seguridad de la ONU de haber ignorado las
peticiones de su gobierno para discutir esas maniobras y que se conmine a los
dos países participantes a interrumpirlas.
China: “momento crítico”
Previo a la reunión de urgencia
del Consejo de Seguridad realizada ayer, se multiplicaron las condenas
internacionales (entre ellas la del secretario de la ONU, Antonio Guterres) y
las “invitaciones a la moderación” lanzadas por Rusia y China. “Es claro para
todos que la opción de las sanciones a Corea del Norte está agotada”, dijo el
viceministro de Relaciones Exteriores ruso, Serghei Ryabkov. “La ONU debe pasar
una resolución que diga claramente no a una solución militar y a sanciones
unilaterales fuera de aquellas aprobadas por el Consejo de Seguridad”, agregó.
China, aliado histórico de
Pyongyang, criticó a Corea del Norte, invitando a las partes al “autocontrol” y
advirtió que el empeoramiento de la presión “no resolverá fundamentalmente el
problema”. Beijing “se opone” a las medidas de Corea del Norte contra las
resoluciones de la ONU, afirmó Hua Chunying, portavoz del ministerio de RR.EE.,
resaltando el “momento crítico” de la situación “sensible”.
Con todo, la embajadora de EE.UU.
ante la ONU, Nikki Haley, afirmó que debería tomarse “una decisión fuerte” con
Corea del Norte. “Suficiente es suficiente”, advirtió.