La
carrera eclesiástica de George Pell iba en un meteórico ascenso. Desde
su comienzo como sacerdote, el australiano escaló posiciones hasta
llegar a ser considerado como un posible reemplazante del Papa Benedicto
XVI. Pese a que eso no se concretó, se convirtió en uno de los brazos
fuertes de Francisco, imagen muy alejada de la actualidad, donde se ve a
un hombre de 77 años tras las rejas.
Como
informo Emol, a pesar de que ya había sido alejado del mundo religioso,
el martes la justicia australiana condenó a Pell a seis años de cárcel
por abusar de cinco menores del coro de su iglesia en los años 90’. Una
pena de todos modos menor, considerando que arriesgaba hasta 50 años de
presidio por los delitos. El auge y caída de Pell se puede demostrar en
seis años: El 2013 fue parte de un grupo de ocho cardenales que
intentaron sentar bases para reformar el Vaticano y seis años después el
Papa – en su inédita cumbre por los abusos – llegó a decir que quienes
cometían esos actos eran “herramientas de Satanás”.
Subiendo de puestos
Partió
como sacerdote de una parroquia rural en Australia, luego de que se le
confiriera este título en 1966, y realizó estudios de Teología en
Oxford. En 1987 se le nombró obispo de Scala y obispo auxiliar en
Melbourne hasta que en 1996 fue ascendido de puesto. Según menciona La
Vanguardia, dentro de su familia no había total consenso de su devoción
por la fe. Su madre, una fiel católica, se encontraba orgullosa de los
pasos de su hijo aunque su padre no lo entendía, más aún pensando que a
Pell se le ofreció un contrato para jugar en un equipo de fútbol de su
nación.
El año
2001 se le designó como arzobispo de Sydney – la diócesis más grande- y
se le consideró como uno de los obispos más importantes de Oceanía,
representando a su continente en las citas religiosas más importantes,
viajando en varias oportunidades al Vaticano. Dos años después vendría
uno de sus momentos más importantes al ser nombrado
por la máxima autoridad religiosa de ese entonces, el Papa Juan Pablo
II, como cardenal. Con este cargo, gozaba con la potestad de votar en
los cónclaves por el futuro pontífice. A pesar de que no logró
convertirse en el siguiente Papa, el Vaticano sí le otorgó un cargo de
relevancia, ya que pasaría a ser el número tres en orden de importancia:
en 2014 se le nombra secretario de Economía del Estado religioso. Era el auge de Pell.
Lejos de la Iglesia
No
pasarían más de tres años desde que asumió en su nuevo cargo, cuando la
situación del cardenal se complicaría. En 2017 fue apuntado por una
intensa investigación del Gobierno australiano -iniciada en 2012- como
uno de los varios sacerdotes que habrían cometido abusos contra menores
de edad. Según el medio español El País, la indagación se inició luego
de que miembros de la policía local acusaran a la Iglesia Católica de
encubrir casos de pedofilia. En respuesta a ello se llevaron a cabo las
averiguaciones que concluyeron con que Pell era parte de un 7% de los
sacerdotes católicos del país, que entre 1950 y 2010 cometieron estos
actos.
Desde
el inicio, informó Emol, el australiano aseguró ser inocente de todos
los cargos, agregando que la idea de ser acusado de estos hechos era
algo “detestable”. Pese a esto, los oficiales aseguraron que habían
“múltiples denunciantes”. El Vaticano, por su parte, protegió desde el
inicio a Pell, remarcando su “honestidad” y “enérgica dedicación” en sus
labores en Roma. Nada nuevo, ya que el propio Francisco en 2014 lo
defendió por otras acusaciones que sopesaban en su contra. “Hay que
evitar los veredictos de los medios, basados en rumores”, dijo aquella
vez. Pell ha sido la máxima autoridad eclesiástica en ser investigada
por estos casos y el Vaticano le permitió volver a su país para limpiar
su imagen, aunque el paso de las investigaciones y de los juicios que
prosiguieron no lo dejaron bien parado. Perdió su puesto en la Santa
Sede en 2019 y su libertad por seis años, aunque puede pedir su salida
condicional a los tres años y ocho meses aunque, seguramente, lejos de
la Iglesia.