Las causas que habrían provocado los devastadores incendios en California

Alrededor
de 8.000 bomberos federales luchan contra los incendios forestales más
mortíferos de la historia del estado de California, Estados Unidos.

En
el siniestro, al menos 31 personas han fallecido, 228 continúan
desaparecidas y cientos de miles han debido ser evacuadas. Hasta ahora,
los siniestros que comenzaron la semana pasada, han quemado 104.000
hectáreas de bosques y zonas urbanas en el norte del estado. El “Camp
Fire”, que afectó Sacramento y Paradise, se ha convertido en el más
destructor, con más de 6.700 inmuebles destrozados. “Esto es realmente
una tragedia “, dijo el gobernador Jerry Brown en una rueda de prensa. 

Para
California, los incendios son uno de los desastres que se repiten cada
año. Las altas temperaturas que se registran en verano suelen crear un
ambiente propicio para el surgimiento de fuegos. Sin embargo, durante el
último tiempo, las temporadas de incendios se han alargado y potenciado
por la intensa sequía que sufre hace seis años, temperaturas récord y
fuertes vientos, que científicos atribuyen al cambio climático.

Durante
los últimos inviernos, California vio amainada la sequía con el registro
de mayores niveles de lluvia. La caída de agua provocó el crecimiento
de arbustos y pastos en las principales zonas boscosas, pero en julio la
ola de calor del verano siguiente secó todo a su paso.

En
la ciudad de Santa Ana alcanzó un máximo de 45,5°C, superando la marca
establecida en 1917, que era de 44,4°C, según el Servicio Nacional de
Meteorología; en Los Ángeles se registró un récord de 44 °C, batiendo la
marca de 1939; mientras que en Riverside, al noreste del estado, se
registró una temperatura máxima de 47,7 grados, la más alta en las
últimas nueve décadas para dicha zona. Así, el nuevo material forestal
generado por las lluvias invernales terminó sumándose a la masa vegetal
que murió durante los años de sequía, y se transformó en más “bencina”
para los incendios. A ello, se suma que ahora las noches, aprovechadas
por bomberos para combatir los incendios debido al descenso de las
temperaturas, ya no son tan frescas como antes incluso en meses otoñales
como octubre y noviembre.

Esto no solo implica una mayor dificultad
para controlar las llamas, sino que también se generan nuevos focos de
fuego durante la madrugada, aún más peligro
sos
al verse disminuida la capacidad de reacción de las víctimas. El viento
no lo pone más fácil. Las rachas huracanadas que llegan hasta los 100
kilómetros por hora se han vuelto más habituales en los últimos años,
provocando una mayor propagación del fuego. El Servicio Nacional de
Meteorología advirtió este fin de semana que se pronostican vientos de
80 kilómetros por hora en la región costera de California, y hasta de 96
km/hr en las áreas montañosas.

“Hace diez o veinte años, te quedabas en
tu casa cuando había un incendio y eras capaz de protegerte”, explicó a
la prensa el jefe de Bomberos del condado de Ventura, Mark Lawrenson.
Pero “las cosas no son lo que eran. L
a
tasa de propagación es exponencialmente mayor de lo que era “, dijo.
“Esta no es la nueva normalidad, esta es la nueva anormalidad.

Y esta
nueva anormalidad continuará en los próximos 10, 15 o 20 años (…)
Desafortunadamente, la mejor ci
encia nos dice que el calor, la sequía, todas esas cosas, se intensificarán”, advirtió por su parte el gobernador Jerry Brown.

Uno
de los focos de incendio más graves registrados en la última temporada
de verano, denominado Carr Fire, se habría iniciado a comienzos de julio
por un vehículo que provocó chispas en el Bosque Nacional
Shasta-Trinity en el norte de California. Solo un par de semanas de
desatarse
el incendio ya consumía más de 64.700 hectáreas y dejaba siete fallecidos.

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