Los oponentes de Putin muertos en extrañas circunstancias

Yevgeny Prigozhin “murió en un accidente aéreo”.

El presunto deceso del fundador del temible grupo de mercenarios Wagner ocurrió en un “accidente aéreo” registrado el miércoles al noreste de Moscú, según han informado las autoridades rusas.

Las causas del siniestro aún no han sido aclaradas. Sin embargo, el hecho de que el suceso se produjera justo dos meses después de que Prigozhin protagonizara el desafío más serio al poder del presidente ruso, Vladimir Putin, en las más de dos décadas que tiene en el Kremlin despierta sospechas dentro y fuera del país.

Desde Estados Unidos, Francia y Reino Unido insinúan que la tesis de que la muerte de Prigozhin y de parte de la cúpula de Wagner ha sido orquestada por Moscú no puede ser descartada, aunque parezca sacada de un guión de una película de Hollywood.

¿La razón? No sería la primera vez que los servicios secretos rusos se deshacen definitivamente de opositores, disidentes o críticos al mandatario.

La venganza, un plato frío

Hasta hace unos meses Prigozhin era considerado como uno de los más estrechos colaboradores del mandatario ruso. Sus nexos se remontaban a los tiempos en los que el exespía de la extinta KGB y ahora mandatario ruso laboraba en la Alcaldía de San Petersburgo.

Sin embargo, esa cercanía se acabó el 23 de junio. Ese día, tras meses cuestionando públicamente las decisiones del alto mando militar ruso respecto de la invasión a Ucrania, Prigozhin sorprendió a propios y extraños al ordenar a sus hombres tomar la ciudad de Rostov del Don, cerca de la frontera del país invadido.

Pero la cosa no quedó allí y el hoy desaparecido empresario ordenó a sus mercenarios avanzar hacia Moscú con el supuesto objetivo de pedir la destitución del ministro de Defensa, Serguéi Shoigú; y de sus colaboradores más cercanos.

Aunque la insurrección no llegó a más, gracias a unas negociaciones en las que participó el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, el hecho de que los soldados de Wagner ocuparan una ciudad y avanzaran casi hasta las puertas de la capital, sin casi resistencia, puso fin al mito del control total que Putin ejercía sobre el país.

Con los hechos aún en desarrollo, Putin no ocultó su molestia y no solo calificó la rebelión como un intento de “Golpe de Estado”, sino que prometió duro castigo para sus cabecillas, a los que tachó de “traidores” y de “apuñalar por la espalda” a Rusia.

El que Prigozhin se pudiera mover con libertad dentro de Rusia y en el exterior en las últimas semanas parece probar que el mandatario es de los que cree que “la venganza es un plato que se sirve frío”.

Algo previsible

Aunque abrupta, la desaparición de Prizoghin no se puede considerar inesperada, pues durante el gobierno de Putin al menos una veintena de opositores, críticos o “traidores” han muerto en extrañas circunstancias tanto en Rusia como en el exterior.

Uno de los primeros en perder la vida fue el diputado Vladímir Golovliov, quien fue baleado en Moscú cuando paseaba a su perro. El legislador, que en un principio apoyó al mandatario en su ascenso al poder a principios de siglo, rompió con él al poco tiempo y comenzó a criticarlo.

Antes de su muerte, desde el oficialismo ruso acusaron a Golovliov de haberse enriquecido ilícitamente durante las privatizaciones realizadas tras el colapso de la Unión Soviética.

Menos de un año después, Serguéi Yushenkov, otro diputado liberal, fue tiroteado en las calles de Moscú.

Yushenkov presidió el comité parlamentario que investigó los atentados contra unos edificios de apartamentos ocurridos en septiembre de 1999 y de los que Moscú culpó a terroristas chechenos, un argumento que le sirvió para lanzar la segunda guerra contra la separatista república caucásica.

El malogrado legislador sospechaba que los atentados fueron orquestados por los servicios secretos rusos.

El 7 de octubre de 2006 se registró uno de los casos más notorios internacionalmente: el asesinato de la periodista Anna Politkovskaya, quien desde el diario ruso Novaya Gazeta denunció las violaciones a los Derechos Humanos cometidas por las tropas del Kremlin en Chechenia.

Y aunque en 2014 los cinco supuestos autores materiales del crimen fueron condenados a largas penas de prisión, las autoridades nunca identificaron a quien contrató a los sicarios y el caso fue archivado en 2021.

Sin embargo, fue el 27 de febrero de 2015 cuando se produjo el asesinato que sembraría la sospecha de que el Kremlin liquida físicamente a sus oponentes. Ese día fue asesinado el exviceprimer ministro Boris Nemtsov. El crimen se registró cerca del edificio donde Putin tiene su despacho.

A finales de los 90, Nemtsov era una estrella en ascenso en la política rusa. El científico y político liberal era visto como el posible sucesor del entonces presidente Boris Yeltsin, quien luego terminó decantándose por el exespía.

Casi desde el comienzo el desaparecido político lanzó duras críticas contra Putin, en particular por su política hacia Ucrania y por sus intenciones de perpetuarse en el poder. Su postura lo llevó a la cárcel en al menos tres ocasiones.

En las elecciones presidenciales de 2008 intentó competir contra el mandatario, pero luego desistió, y un año después junto a otros reconocidos opositores como el excampeón mundial de ajedrez Garry Kasparov fundó el partido Solidaridad.

Pese a que los asesinos de Nemtsov formaban parte de las fuerzas del líder checheno, Radman Kadirov, los posibles nexos de este reconocido aliado de Putin con el crimen jamás fueron investigados.

Desde principios de los años 2000 otros seis políticos, periodistas y activistas de Derechos Humanos criticos con Putin han sido asesinados en Rusia.

En la lista de opositores y disidentes muertos no solo figuran personas que estaban en Rusia, sino también otras que decidieron marcharse, pensando que así estarían a salvo.

(BBC News Mundo).

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