“Me siento obligado a asumir personalmente todo el mal que algunos sacerdotes, bastante pocos en número, obviamente no comparable con el número de todos los sacerdotes, a pedir perdón personalmente por el daño que han causado, por haber abusado sexualmente de niños”, dijo a miembros de un grupo de defensa de los derechos de los menores, según la Radio del Vaticano.
En la ocasión, el Pontífice agregó que “la Iglesia es consciente de este daño. Es un daño personal y moral de ellos, pero de hombres de la Iglesia. Y nosotros no queremos dar un paso atrás en lo que concierne al tratamiento de este problema y a las sanciones que deben fijarse. Al contrario, creo que debemos ser muy fuertes. Con los chicos no se juega”.
El jefe de la Iglesia Católica también afirmó que es preciso “reiterar el derecho de los niños a crecer en familia, con un papá y una mamá capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su maduración afectiva”. “Para seguir madurando en relación con la masculinidad y la feminidad de un padre y de una madre”, dijo el Papa en audiencia con miembros del BICE.
Asimismo, en una audiencia con el Movimiento por la Vida, Francisco citó palabras del Concilio Vaticano II para afirmar que “el aborto y el infanticidio son delitos abominables”. “La vida humana es sagrada e inviolable”, dijo el Papa a los miembros del Movimiento, a quienes agradeció su defensa de la vida humana “desde la concepción”.
“El niño por nacer en el seno materno es el inocente por antonomasia”, agregó el Papa, invitando a luchar para que “cada mujer se sienta considerada como una persona, escuchada, acogida, acompañada”. “Hablamos de los niños -continuó luego el Papa en una parte improvisada de su charla-, hay tantos! Pero yo quisiera también hablar de los abuelos, la otra parte de la vida. Porque nosotros debemos ocuparnos también de los abuelos, ya que los niños y los abuelos son la esperanza”.
Luego Francisco defendió la objeción de conciencia, contando un episodio que le ocurrió hace unos años, cuando era arzobispo de Buenos Aires, al reunirse con médicos.
“Uno me llamó aparte, tenía un paquete y me dijo: ‘Padre, yo quiero dejarle esto a usted. Estos son los instrumentos que usé para hacer abortos. Hallé al Señor, me arrepentí, y ahora lucho por la vida’. Me entregó todos estos instrumentos. Recen por este buen hombre”, contó Francisco.
“Cada derecho civil -observó el Papa- se apoya en el reconocimiento del primer y fundamental derecho, el derecho a la vida, que no está subordinado a ninguna condición, ni cualitativa ni económica ni mucho menos ideológica”.
Repitiendo las palabras usadas en su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, dijo: “Así como el mandamiento ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy debemos decir que no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esta economía mata”.
“Se considera al ser humano como un bien de consumo que se puede usar y luego tirar. Comenzamos la cultura del descarte, que además es promovida”, agregó.
Para el Papa argentino, “uno de los mayores riesgos de nuestra época es el divorcio entre economía y moral, entre las posibilidades ofrecidas por un mercado provisto de toda novedad tecnológica y las normas éticas elementales de la naturaleza humana, cada vez más descuidada”.