“La
venta ha estado flojita. Es normal después de una crisis de esta
magnitud, porque la gente no va a comprar zapatos cuando lo que está
buscando es agua y comida”, dijo Carlos Zúñiga, encargado de una tienda
de calzado. Maily se echó “una escapadita” para retirar efectivo, cuya
escasez crónica se agravó con el corte eléctrico del 7 de marzo, que
recién empezó a solucionarse el lunes. Las colas frente a los bancos se
repetían en distintos puntos de la capital y su periferia, donde viven 6
de los 30 millones de habitantes del país petrolero.
El
apagón sorprendió a Maily cuando volvía a su casa en el barrio popular
23 de enero; allí, el servicio eléctrico comenzó a restablecerse el
lunes pero aún no llega el agua, pues la falta de energía ha afectado el
bombeo.