Si
hubo algo que caracterizó a Jordi Dalmau Sayol durante su vida fueron
sus ganas de emprender nuevos proyectos y conocer nuevas culturas. Lo
había hecho en Chile, Estados Unidos y China, y ahora quería hacer lo
mismo en Kenia. Pero a este último país nunca alcanzó a llegar. Este
español de 46 años y oriundo de la localidad catalana de Granollers, era
una de las 157 personas que abordaron el domingo el avión Boeing 737
MAX 8 de Ethiopian Airlines y que murieron luego de que éste se
estrellara cuando cubría la ruta entre Adis Adeba (Etiopía) y Nairobi
(Kenia). Dalmau es, a su vez, una de las dos víctimas oriundas de
España, pero con una salvedad: su residencia hasta el día de su deceso
estaba en Chile.
Según
pudo averiguar Emol, este ingeniero químico industrial vivía en la
comuna de Las Condes, lugar que se transformó en su centro de
operaciones en un país en el que, de acuerdo a sus cercanos, se sentía
bastante cómodo. Su historia con Chile comenzó en enero de 2002, cuando
llegó a la isla de Chiloé para trabajar en proyectos relacionados con la
construcción de plantas de tratamiento de aguas servidas en Quellón y
Chonchi. En 2003 se estableció en Santiago. “Cuando él se vino a Chile
no tenía idea cómo y dónde iba a llegar. Para ellos en esa época tú les
hablabas de Chile y no sabían dónde era. Entonces me decía que él estaba
sorprendido en el fondo de que acá fuera tan bonito”, cuenta Carolina
Osses, quien trabajó directamente con Dalmau en su primera etapa en el
país, tanto en el sur como en la capital. Después de eso, la vuelta al
mundo fue larga. Primero, volvió a España, donde permaneció entre 2006 y
2010. Luego inició su viaje a China: primero estuvo en Quindao y
posteriormente en Beijing, trabajando principalmente en proyecto de
desalinización de aguas. En 2015 partió a San Antonio, en el estado de
Texas, en EE.UU., donde trabajó hasta septiembre de 2016. Fue ese año
cuando volvió a Chile, para desempeñarse como director de Desarrollo de
Negocios para América Latina en la multinacional Almar Water, cargo que
desempeñaba hasta hoy. Volvió a Las Condes, un lugar donde se sentía
cómodo, según Osses.
“Era
casi chileno”, complementa Antonio Quer, amigo de Jordi, con quien
entabló una muy buena relación, tanto así que incluso compartían la
misma asesora del hogar en sus respectivas viviendas. Y si bien vivía
solo en Santiago -sus padres y su hermano residen en Granollers-, tenía
un gran grupo de amigos, entre chilenos y españoles, con quienes
organizaba juntas como la que ocurrió días atrás, con motivo del partido
entre el Real Madrid y el Barcelona. “Era una muy buena persona,
siempre estaba dispuesto a ayudar y reunirse”, dice Quer.
El viaje que truncó todo
Pero
la estadía de Jordi Dalmau en Chile ya tenía fecha de vencimiento. Fiel
a su estilo, aceptó la propuesta de su empresa para ser gerente general
de una planta desaladora en la ciudad de Mombasa. Fue así como tomó
primero un vuelo a Madrid y después a Etiopía. Desde ahí viajaría a
Nairobi, donde tendría algunas reuniones. Luego volvería a Santiago.
Según Carolina Osses, “él estaba abierto a conocer cosas siempre, por el
tema del trabajo, por lo mismo yo creo que después se fue a Texas,
China y ahora estaba tomando esa experiencia en Kenia. Es como esa
apertura de mente de decir ‘me voy a trabajar allá, allá veré, conoceré
otra cultura’. Yo creo que justamente como él no tenía amarras de
compromiso de pareja o hijos, él en el fondo viajaba y se desarrollaba
profesionalmente en un ámbito más internacional”.
Finalmente,
el proyecto en Mombasa deberá tener otro líder. La muerte de este
ingeniero español impactó tanto a sus amigos como a su
empresa, que le dedicó unas sentidas palabras en su sitio Web. “No
podemos describir el vacío por el que esta situación nos somete, tan
drástica y repentinamente. Conocíamos a Jordi desde hace 15 años, y de
repente se ha ido, llevando consigo un trozo de cada uno de nosotros”,
afirmó la compañía. Su deceso, incluso, alcanzó al mundo político. Fue
así como el ex presidente catalán Carles Puigdemont indicó en su cuenta
de Twitter que “una tragedia que nos ha golpeado. Mi pésame a todas las
familias y amigos de las víctimas del accidente de Ethiopian Airlines,
especialmente a los familiares de Jordi Dalmau y a los vecinos de
Granollers”. Y así como lo lloran en Granollers, Barcelona, Madrid o
Beijing, también lo extrañarán en Chiloé y en Santiago. Se fue un hombre
de mundo.