Ganar, ganar y ganar. Golear, de ser
posible. A la selección nacional le pena un triunfo contundente, para echar
algo de tierra a una semana muy dura, posiblemente la peor desde que Jorge
Sampaoli está al mando del equipo.
El problema
es que el rival, Bolivia, que antes del inicio de la Copa América aparecía como
un simple trámite, ha tomado nuevos bríos en la competencia. Su empate sin
goles ante México y su victoria por 3-2 sobre Ecuador le ha hecho crecer en
rendimiento y también en expectativas. De hecho, el cuadro altiplánico quiere
disputarle a la Roja el primer lugar del Grupo A, objetivo que es fundamental
para Chile, porque así, en el papel, se evita a los elencos más duros en la
ronda de cuartos de final. De hecho, es posible que el local entre clasificado
al terreno, dependiendo del resultado previo entre México y Ecuador.
A diferencia
de sus dos primeros partidos, donde estuvo lejos de un rendimiento óptimo,
Sampaoli ha trabajado una oncena mucho más tradicional para el cierre de la
zona. Vale decir, cada jugador en su puesto habitual cuando defiende la
camiseta nacional. Una línea de cuatro en el fondo, tres volantes mixtos, un
enganche y dos delanteros. Todos con la misión de presionar, ser protagonistas
y cumplir distintas funciones en el campo, para doblegar a un adversario cuya
principal característica en esta Copa ha sido la eficacia en defensa y, al
menos contra Ecuador, contundencia en ataque (cinco llegadas y tres goles).
Fuente:
diario La Tercera – Alvaro Poblete.