Después
de pasar siete días en el hospital de Iquique, el soldado conscripto
Marco Velásquez (18) volvió junto a su padre a su casa, donde pasó la
Navidad. Había intentado quitarse la vida, pero fue descubierto a tiempo
por sus superiores y estuvo con su familia hasta el 27 de diciembre,
recuperándose. Entonces volvió a su unidad, pero antes de que pasaran
tres meses las cosas empeoraron. La tarde de este sábado, cuando ejercía
labores de centinela, Velásquez le disparó al cabo primero Pedro
Benavides (31) y al sargento segundo Fernando Zamorano (39), antes de
hacerlo a sí mismo. Los tres fallecieron y la tragedia enlutó al
Ejército.
A
las pocas horas, su familia habló. “Marco recibió mucho acoso. Aguantó
llorando muchas veces, diciendo que no quería volver al Ejército”, contó
su hermano Germán a El Mercurio. “A él le gustó la institución, pero la
gente adentro lo hostigó mucho”, dijo. Su relato fue respaldado por su
madre y finalmente el comandante en jefe (s) del Ejército, Schafik
Nazal, aseguró que se harían los esfuerzos para “aclarar absolutamente
todo”. Hoy se están realizando dos investigaciones, una por parte de
Fiscalía con Carabineros y otra en el Ejército, para determinar la
veracidad de las denuncias de bullying y acoso.
El
caso, que todavía debe esclarecerse, tuvo lugar no tan lejos de otra
unidad donde el año pasado existieron denuncias por abuso y agresiones,
que terminaron con 23 militares dados de baja. El hecho ocurrió en
Calama, donde un conscripto fue agredido y abusado sexualmente por una
decena de compañeros y terminó con daño hepático. Apenas la semana
pasada las Fuerzas Armadas hicieron noticia por suscribir, junto a los
ministerios de Defensa y de la Mujer y Equidad de Género, un protocolo
unificado en contra del acoso y abuso sexual. Hoy las autoridades
vuelven la mirada sobre estas instituciones y comienza a surgir una
interrogante: ¿Cómo se pueden prevenir también las prácticas abusivas
entre compañeros o hacia uniformados de menor rango?
La cultura de la angustia
Para
el siquiatra y académico del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental
Oriente de la U. de Chile, Pedro Retamal, las dinámicas de bullying son
un fenómeno que está saliendo de los colegios
y ampliándose a muchas otras instituciones, incluyendo las FF.AA. “Es
algo que ha existido siempre en la historia, pero que hoy día se hace
mucho más intenso porque vivimos en una cultura de angustia, estrés,
inquietud y agresión”, explica en conversación con Emol. Es una realidad
que, asegura, tiende a generar sorpresa. “Son instituciones que se
supone que deberían estar limpias, dada su organización, jerarquización y
los protocolos internos que tienen”, comenta. Sin embargo, no estarían
exentas de padecer los mismos males que el resto de la sociedad.
Por
eso la suscripción al protocolo de acoso y abuso es, a su juicio, un
paso importante. “Si lo están haciendo es porque están reconociendo que
también es un problema dentro y que sus miembros igualmente están
expuestos”, asegura. Ese, dice, es el primer paso: reconocer que el
fenómeno existe. “La agresión humana, como fenómeno, existe y no es algo
nuevo. Por mucho tiempo el desarrollo de la humanidad ha ido mejorando y
eso ha provocado la ilusión de que los humanos no son agresivos. Aunque
la mayoría de las personas no lo son, hay un grupo que sí tiene
conflictos y se convierte en agresores, mientras otro grupo pasa a ser
víctimas”, cuenta. “Ambas partes tienen problemas emocionales que tienen
que ser reconocidos por las instituciones, y ellas a su vez tienen que
implementar políticas de desarrollo emocional para manejarlos
correctamente”, afirma.
Cambiar las normas
Lo
que ocurre dentro de las FF.AA. podría ser similar a lo que pasa dentro
de los seminarios de formación religiosa. Ese es el ejemplo que entrega
Rocío Faúndez, jefa de Desarrollo de Contenidos de la Fundación Todo
Mejora, dedicada a trabajar con niños, niñas y adolescentes
problemáticas de bullying. Lo primero que hace es acotar el concepto.
“Para que sea bullying tiene que darse entre pares, ser sistemático en
el tiempo, tener una relación de asimetría de poder y una intención de
hacerle daño al otro”, explica a Emol. Como a veces estas situaciones se
dan entre uniformados y sus superiores, no está segura de que el
término “bullying” sea aplicable.